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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Ahora sí, como en su sueño, se acercó a Raúl, dentro de la floristería, donde se encontraba colocando sacos de fertilizante y abono que ella había estado utilizando en la calle, y justo cuando se disponía, con el corazón en un hilo, a revelar sus sentimientos al joven, una joven alta y delgada de pelo negro y ojos verdes, guapísima, entró en la tienda. Raúl, al verla, se alegró, algo que extrañó mucho a Ángela, y se fue hacia ella. A través de una cristalera, Ángela vio como la recién llegada y Raúl se besaban apasionadamente, ante la sorprendida mirada de Rosa, que se dirigió después con seriedad a Ángela, dándola a entender que volviera al trabajo. Ángela pasó hacia dentro, llorando desconsolada, con el corazón destrozado y con la incertidumbre de saber si volvería a ver o no a aquel chico, el suficiente tiempo como para confesarle unos sentimientos de los que, desgraciadamente, ya no estaba segura. En unas horas, toda su decisión y felicidad se habían transformado de nuevo en desilusión, dolor y tristeza.

2. De repente, y poniendo las manos sobre mis apretados glúteos me ayudabas e incitabas a agilizar el ritmo. Poco guanté en esa posición por lo que exploté vertiéndome encima de aquello q se ponia por delante. Te miré te miré con cara de preocupación, pero por poco tiempo. Sabía exactamente lo que querías, y yo estaba ahi. Después de limpiarme un poco me coloqué justo detrás tuya, los dos permanecíamos tumbados en la cama, yo te abrazaba mientras q besándote el cuello palpaba rápidamente tus ahora durísimos pezoncitos. Así, intruducí de nuevo mi aún erecto falo en tu húmedo aparato que siempre me atraía. con movimientos fuertes y rápidos decidí ayudarme de mi mano que pasó del duro pezón al pequeño botón que tan alto placer te causaba.Masageándo mientras te penetraba, cada vez me costaba más mantenerme así. Tus pequeños gemidos rompían en la habitación dandome más y más ganas. No tardaste mucho en explotar de placer mientras respirabas fuertemente. Todabía exsausto te besé tiernamente un momento, y pasé a acurrucarte bajo mi hombro. Permanecí besándote la frente hasta darme cuenta que te quedaste dormida.

3. Cada vez le deseo más y sé que él a mi también. Mi sexo está cada vez más húmedo y el suyo cada vez más hinchado, por eso le miro a los ojos y le suplico con la mirada que me haga suya. No sé hace esperar, dirige su pene hacía mi vagina y desciendo sobre él. Le abrazo, pego mi cuerpo al suyo y empiezo a moverme. Poco a poco nuestros movimientos se van acompasando. Sus manos acarician mis nalgas mientras subo y bajo sintiendo como su sexo me llena. Suspiro, gimo de placer. Mi boca busca la suya y nos besamos profundamente. Dejo que el placer recorra todos los rincones de mi cuerpo, mientras el fuego de la pasión arde entre nosotros. Desearía estar siempre así, sentirle siempre dentro de mí, pero no puedo. Debo acelerar mis movimientos, dejar que el placer nos venza o en unos minutos alguna de las dependientas vendrá a sacarnos de aquí. Cabalgo cada vez más rápidamente y también él empuja hacía mí. Siento como su verga se hincha dentro de mí, sé que de un momento a otro se va a correr. Acelero más mi movimientos y siento el placer explotando entre mis piernas. Sigo empujando, haciendo que mi vagina estruje su sexo y en pocos segundos también él se corre.

4. Me empujó para dejarme boca arriba. Se sentó sobre mí, dejando su culo contra mi boca. Agarró con su boca mi miembro y empezó a lamerlo. Introdujo el glande mientras con la mano me masturbaba. Yo tenía su ano frente a mí, pasaba mi lengua entre el final de sus labios mayores y su precioso agujero, iba y venía con mi lengua, metí un dedo en su culito y noté como se contraía. –Por favor no, sólo con la lengua.- le hice caso, para mi primaba su disfrute. Me olvidé de mis dedos y use mi lengua para acariciarlo. Ella me estaba proporcionado un placer inmenso. Notada como su pelo caía sobre mis piernas alrededor de su cabeza que estaba hundida sobre mi pene erecto. Al poco se levantó y alejó su culo de mi cara mientras decía: -Penétrame.- Dicho esto se sentó sobre mí, dándome la espalda, clavándome en su ser. Su vagina se amoldaba a mi miembro. Lo envolvía dándole cobijo y protección, haciendo que mis piernas empezaran a temblar de placer. Cabalgó sobre mí, notaba como sus músculos se tensaban. Se movía con rapidez moviendo su cadera mientras yo lo único que hacía era intentar concentrarme para no venirme. Mientras le acariciaba sus pies que habían quedado a ambos lados de mi, los sujeté fuerte y los apreté. Me estaba llegando un torrente de placer y no era el único. Su vagina se aferraba con numerosas contracciones que delataban que ambos estábamos en un orgasmo conjunto. Me vacié dentro de ella, la habitación olía a sexo.