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"Hola, ¿cómo estás? Encantada de saludarte, soy Marilyn." Es lo primero que oirás de mis labios cuando nuestras miradas se crucen por primera vez, desvelando todo el misterio de esta situación, un tanto "sui generis", que ha permitido que nos encontremos. En la distancia corta observarás que soy cálida y cercana, muy mediterránea, con un suave aroma de mujer que embelesa, siempre dispuesta a ofrecerte la mejor de mis sonrisas. Te encontrarás con una auténtica mujer de bandera, con el morbo en la mirada y en cada movimiento. Tus ojos se posarán, presto, en mi boca cuidada y natural, mientras intercambiamos nuestras primeras impresiones. Sólo podrás dejar de mirar mis atractivas facciones cuando te conduzcas por mis curvas infinitas que invitan a un placer igualmente infinito. Toda yo soy obra de la naturaleza, precisamente por eso al acariciar mi piel blanca, tersa y suave como la de una adolescente, sonrosada, fresca y natural, volverás a sentir los efluvios de los primeros descubrimientos que hiciste del sexo. Entregada y detallista, me gusta saber que te lo estás pasando bien conmigo en la circunstancia que sea. Y cuando marches me aseguraré de que lo hagas plenamente satisfecho. Con estos datos ya imaginarás que una cita conmigo te traerá excelentes momentos y mucha excitación compartida. El tiempo que estemos juntos será como una fiesta exclusiva entre tú y yo, decidida a que sea un éxito con mi sentido del humor y carácter chispeante. Cada una de mis virtudes al servicio de un invitado de excepción: Tú. Mis palabras ya te están diciendo que estoy hecha para ti, distinguido caballero o señora aventurera. Si buscas una mujer cultivada y juvenil, dentro de un estilo elegante, con glamour, una dama con la que vivir nuevas experiencias y fantasías, ese sueño lo puedo hacer yo realidad con mi savoir-faire y tu predisposición a dejarte llevar. Te susurro, con mi voz aterciopelada, muy suavemente al oído: "Déjame ser tu capricho ...". Para poner la guinda, como sé perfectamente encontrar el punto justo de emoción y relax que te hace falta, antes de volver a tu rutina te daré un masaje que te hará regresar a casa literalmente flo...tan...do... Te garantizo que repetirás.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
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1. Así que Mónica no llevaba ropa interior. No era algo inusual en ella, incluso antes de iniciar su relación con Marcos ya lo había probado en diversas ocasiones. Le gustaba sentirse liberada de esas pequeñas prendas, aunque también sabía usarlas con enorme conocimiento cuando la ocasión lo requería. Al levantarse aquella mañana de la cama, junto a su novio, Mónica se duchó y se dispuso a escoger la ropa que se pondría aquel día. Empezando con el morbo habitual entre ellos dos, le preguntó a Marcos, en un tono socarrón, que deseaba que se pusiera para vestirse. Él, acostumbrado ya a estas preguntas, le respondió desde el baño que no era necesario que se pusiera nada. Se refería a la ropa interior, por supuesto. Mónica, ni corta ni perezosa, le hizo caso, y se vistió tal como se encontraba en esos momentos en unos grandes almacenes.

2. Entramos por fin en la habitación, me sentía avergonzada y a la vez deseosa, un cosquilleo recorría todo mi cuerpo y lo hacia palpitar, cualquier movimiento seria el detonador. Te acercaste a mí poco a poco, buscando aprobación, tomaste mi cara entre tus manos y besaste mi rostro dulcemente llegando a mis labios y rozándolos con los tuyos, mi boca se entre abrió y tu lengua caliente entro sin vacilar fusionándonos en un cálido beso, suave y ardiente a la vez. Me apretaste a ti, a tu sexo duro, tus besos cada vez mas ardientes recorrían mis oídos, mi cuello, mi boca, y fuiste acariciando mi cuerpo suavemente, al principio eran caricias tímidas, después la ansiedad fue en aumento y recorriste mi cuerpo completamente hasta llegar a mis nalgas que estrujaste con desesperación apretándome aun más a ti. Me fuiste acercando a la cama hasta caer encima de ella entrelazando nuestros cuerpos, tu pierna entre las mías frotando mi pubis con tu muslo y tus manos recorrían mi cuerpo hurgando en lugares inhóspitos, desabotonaste mi blusa y sentí tu boca recorrer mi cuello y deslizarte hasta mi pecho, recorriendo cada uno de ellos con tus besos, ansiosamente los tomaste con tus manos hasta hacerme daño, para luego ponerme encima de ti. Quedamos boca a boca, te bese suavemente la cara y mi lengua busco la tuya, mordisque tus labios y bese tu cuello, mis manos bajaron hasta tu pantalón, lo abrí y salió de repente, altivo y orgulloso saludándome, te sentiste indefenso y terriblemente excitado, lo tome suavemente entre mis manos y baje despacio tu prepucio hasta descubrirlo todo, acerque mi boca y lo engullí completamente en un húmedo abrazo, la sorpresa enloqueció todo tu cuerpo y sentí el temblor debajo de mí, lo succione con ansias mientras con mi mano tomaba tus testículos y los acariciaba tiernamente, mi lengua recorría cada centímetro de tu exorbitante sexo. Subía y bajaba al ritmo que me pedías hasta que por fin llego el elixir que ansiosamente comí.

3. Las canciones pasaban y al tenerla agarrada de la cintura, estando abrazados junto con otras parejas en el centro de la pista, empezamos a hablar un poco de todo, boludeces, pero los rostros muy cerca uno del otro ya que la musica sonaba bien fuerte. cada vez que acercabamos nuestros rostros sentía su aliento, excitante, tibio, y sus labios atrayentes cada vez mas cerca de los mios. Cada segundo que transcurría hacia que nuestros rostros se acercaran mas y más. Al mismo tiempo, el abrazo cambió y yo cada vez la acercaba más y me la acomodaba entre el nicho que formaban mis brazos y mis piernas. Ella parecia estar muy a gusto, en si no era raro el hecho de que seamos cariñosos entre nosotros, siempre fuimos muy afectusos el uno con el otro, Pero evidentemente para mi en ese momento las cosas estaban siendo algo distintas. Luego mientras bailabamos yo le acerque mi rostro y le pregunte: "La estas pasando bien agus?" a lo que ella respondió: "la estoy pasando muy bien ale, hace mucho que no la pasaba tan bien", la mire fijo y le dije: "sabes que te quiero mucho hermanita?" "si, y yo a vos hermanito", dijo ella.

4. Entro en la habitación, ésa que decoraste especialmente para nuestros apasionados encuentros, con telas de color rojo, tanto en las cortinas como en la ropa de cama e incluso vistiendo las paredes de telas de raso rojas. Tú me sigues, abro el balcón y salgo para observar la luna, apoyada sobre la baranda elevo mis ojos al cielo. Te acercas a mí, me abrazas por detrás, pegas tu cuerpo al mío y noto tu sexo erecto sobre mi culo. Siento tu boca sobre mi nuca, la besas suavemente y mi cuerpo se estremece. Ninguno de los dos dice nada, los sentidos, los gestos, hablan por nosotros. La luna nos observa desde su azul firmamento. Tus manos se posan sobre mis caderas, las acaricias con suavidad, mientras sigues besando mi cuello, en un dulce camino hasta mi hombro derecho, que muerdes suavemente, mientras tus manos acarician mi vientre y suben la falda del vestido, para acariciar mis muslos apaciblemente.