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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. En la parte superior llevaba una sencilla pero gustosa camiseta de tirantes, que dejaba a la vista de todas las miradas su ombligo, y la estrechez de la misma hacía a su vez de sujetador de unos pechos excepcionalmente sugerentes, generosos en su tamaño, y sensualmente voluptuosos. Su pelo, de un negro intenso, era largo y liso, cayéndole por sus hombros y su menuda espalda, y era inusitadamente suave, tal como se podía apreciar al menor movimiento de su cabeza. Su cuerpo era excepcional, quizá no mejor que el de muchas otras chicas que se creían en inferioridad, pero sabía como realzarlo y como sacar el máximo partido a sus curvas. Resultaba enormemente provocativa, simplemente con verla a lo lejos, y ella era plenamente consciente que su cuerpo era objeto de deseo sexual para la mayoría de los hombres con que se cruzaba.

2. Ahora parece que nos tomamos un respiro y nos separamos, nos miramos sin decirnos nada e intentamos que alguna parte de nuestros cuerpos siempre se sigan tocando Tu pecho se separa de mí, pero tu pelvis intenta seguir tocan mi pene erecto por el amor y la pasión del momento, tu abres un poco las piernas para poder llegar mejor a mi miembro, con una mirada maliciosa pero encantadora, te acercas a mí pene y cuando lo consigues empiezas a frotarte lentamente, mientras sigue mirándome de esa forma excitante. Mientras sigues frotándote con mi pene me coges de las manos y las llevas a tus pechos y empujando tu misma. Yo no tardo mucho en meter mis manos por debajo de la camiseta y acariciar tus pechos solamente separando un sujetador negro y sexy de tocar tus pechos.Sigo tus indicaciones y acaricio tus pechos mientras nos besamos apasionadamente, mis manos no tardan en deslizarse por tu espalda para desbrocharte el sujetador y dejar tus pechos al aire, cuando notaste que te desabroché el sujetador tu misma y ante mí asombro tu te quitaste la camiseta haciendo que me echara hacia atrás para ver tus hermosos pechos y seguir acariciando y besándolos. Tú seguías empujando tu pelvis contra mi paquete y cada vez con mas fuerza, bajé una de mis manos hasta tú culo para apretar aún con mas fuerza, contra mi paquete, estábamos desenfrenados y ya empezábamos a soltar algún que otro gemido, eso me excitaba más.

3. Mirando a través del escaparate vio a Marisa cruzar la acera en dirección a ella y pensó, por un momento, que no estaría mal que un coche pasara por encima de ella, dejándole el camino libre con Raúl. A pesar de lo que habían hablado en el hospital el joven y ella, no estaba nada convencida con lo que él le dijo, y quería a toda costa acabar a su lado, si cabe, ahora más que nunca. Y ya no pensaba ser ella la que siempre sufriera. Durante el tiempo que había estado en cama, se había dado cuenta de que nadie mostraba sinceridad al hablar con ella en el hospital, sólo sus padres. Ni las vecinas, ni las compañeras del instituto que la conocían de toda la vida. Nadie. Todos la miraban como a un bicho raro, una incomprendida, algo inferior, enfermo, despreciable, y pensó, por una vez, en su felicidad, y no en lo que pudieran pensar los demás al verla hacer las cosas. La chica tímida y vergonzosa se había transformado en la chica fría y egoísta.

4. Abro la boca, la acerco a tu cuello y tú acercas la tuya al mío. Clavo mis colmillos en ti, tú clavas los tuyos en mí, y empiezo a sentir como tu dulce sangre llena mi boca, mientras la mía llena la tuya. Los latidos se confunden y una amalgama de sensaciones llenan nuestros corazones. Empezamos a movernos uno contra el otro cada vez más rápidamente y el orgasmo empieza a nacer en mí y también en ti, siento que tu sexo se hincha dentro de mí, en pocos segundos estallo en un demoledor éxtasis de pasión a la vez que tú también te derramas en mí, mientras nuestras sangres nos recorren. Es el éxtasis supremo. Cuando ambos dejamos de convulsionarnos, apartamos las bocas y te tumbas a mi lado. El sopor empieza a apoderarse de mí, te levantas y cierras la puerta del balcón. Vuelves junto a mí. Recuesto mi cabeza sobre tu hombro y siento como el sueño me vence. El juego ha terminado. Nuestra noche se acabó.