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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
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1. Ya estaba decidido... apenas nos separamos del abrazo y mientras retomabamos el paso del baile juntos la mire fijo a los ojos y le dije sin demasiadas vueltas: "Te amo Agustina" (aclaración, siempre acostumbrabamos a decirnos mutuamente que nos amabamos, pero como hermanos obviamente) y ella como era costumbre me respondio: "yo tambien te amo hermanito"... y ahi nomas la abarze mas fuerte y pegue mi cuerpo contra el de ella, sin mas corri apenas un mechon de su pelo que cubria parte de su rostro y la bese en la boca... el beso llevaria diez segundos cuando con terror de lo que podria pasar separe mi boca de la de ella, abri mis ojos y espere por su reacción. Ella me miró como sorprendida y en vos baja para que nadie oyera lo que estabamos hablando me dijo con vos nerviosa: "¿y esto ale? ¿que estamos haciendo?" a lo que respondi: "lo que sentimos en este momento agus", "pero somos hermanos ale, esto no es lo mismo que un piquito"... evidentemente ella sentia mucho remordimiento, pero habia algo que no la hizo enojarse por lo que estaba pasando y eso me abrio las puertas para dejarme llevar por lo que sentia en ese momento. Entonces fue que le pregunte: "vos me queres agustina?" "mas vale que te quiero alejandro, te amo, te adoro, pero como hermano", dijo ella. inmediatamente me acerque un poquito mas y le susurre al oido: "vos sos mi hermana y te quiero mas que a nadie en el mundo, lo ultimo que quiero en la vida es verte mal sabes", "ya lo se ale y por eso te quiero como te quiero", respondió ella... sin mas volvi a tomar la palabra y le dije: "hagamos lo que sentimos", nos miramos a los ojos con cierto temor y se dio... yo me acerque decidido y volvi a poner mis labios sobre los de ella, solo que esta vez nuestras bocas se juntaron decididas y a medida que nos besabamos ambas bocas se iban abriendo un poco mas para dejar paso a nuestras lenguas. No lo podia creer!, estaba tranzandome a mi propia hermana en el medio de un boliche, nunca antes habia sentído tal excitación. Tenia a mi hermana abrazada, y nos besabamos adelante de todo el mundo como si fuesemos la pareja mas caliente de todas, literalmente nos estabamos matando en el medio de la pista, ese beso que parecia eterno simbolizaba el inmenso amor que yo siento por mi hermana y el que ella siente por mi, pero tambien, por lo menos esa noche nos deseabamos, era evidente que sin haberlo buscado llegamos a un punto en el que nuestro amor de hermanos esa noche se habia convertido en pasion y lujuria.

2. De repente siento como frota su sexo erecto contra el mío, lo guía hasta mi agujero vaginal y muy despacio me penetra. Me incorporo y lo abrazo con mis piernas y mis brazos, mientras siento como pega su cuerpo al mío. Empezamos a movernos ambos, acoplando nuestros cuerpos, sintiéndonos el uno al otro, el uno dentro del otro. Siento su sexo entrando y saliendo de mí, gimo, y me convulsiono igual que él. Siento su respiración entrecortada en mi oído. Su abrazo cubriéndome por completo y el fuego del deseo creciendo entre ambos. Dos cuerpos pegados que nada ni nadie, ahora mismo, podrían separar. La carrera hacía el éxtasis se va alargando. Siento su verga hinchándose dentro de mí y vuelvo a acostarme sobre la cama. Estoy apunto de llegar a la cima y él lo sabe, por eso se detiene. Saca su sexo de mí. Y me hace poner boca abajo. Siento uno de sus dedos acariciando mi nalga y descendiendo hasta mi entrepierna, acaricia la humedad de mi sexo y luego se tiende sobre mí, siento su verga entre mis piernas y el glande chocando con mi vulva. Abro las piernas y espero para recibirle otra vez.

3. Grande fue mi asombro al salir y encontrarle tendido en la cama profundamente dormido. Ahí estaba yo pensando en el destino y el se había quedado dormido con la música de Chopin como fondo. Alguien podría haberse enojado pero a mi solo me producía inmensa ternura verle allí dormido, su respiración acompasada y sus manos reposando sobre la almohada. Yo, con un desacostumbrado arrojo me libere de la toalla y me senté a su lado en la cama. Con cuidado de no despertarlo le quite sus zapatos, me tumbe a su lado arropándonos con una sabana blanca y finalmente abrazada a su espalda y sintiendo mi cuerpo desnudo y aun fresco por la ducha pegado al suyo tibio y cubierto por un jeans y una camiseta. Al poco rato de escuchar el ritmo regular de su respiración y sentir el sube y baja de su pecho, yo también me quede dormida.

4. Recorriste mis piernas con tu boca húmeda y anegaste mi centro con tu lengua, provocando estremecimientos en mí. Llegaste hasta mi pecho acariciándolo dulcemente y llevándolo a tu boca bebiste de ellos como un niño hambriento, mientras tu mano descendía hasta mi humedad. Te adentraste ahí, provocando que mis caderas se estremecieran al ritmo de las flores movidas por el viento. Yo acariciaba tu cabello y espalda mientras tu oculto en mi pecho te colmabas de ellos.