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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Mirando a través del escaparate vio a Marisa cruzar la acera en dirección a ella y pensó, por un momento, que no estaría mal que un coche pasara por encima de ella, dejándole el camino libre con Raúl. A pesar de lo que habían hablado en el hospital el joven y ella, no estaba nada convencida con lo que él le dijo, y quería a toda costa acabar a su lado, si cabe, ahora más que nunca. Y ya no pensaba ser ella la que siempre sufriera. Durante el tiempo que había estado en cama, se había dado cuenta de que nadie mostraba sinceridad al hablar con ella en el hospital, sólo sus padres. Ni las vecinas, ni las compañeras del instituto que la conocían de toda la vida. Nadie. Todos la miraban como a un bicho raro, una incomprendida, algo inferior, enfermo, despreciable, y pensó, por una vez, en su felicidad, y no en lo que pudieran pensar los demás al verla hacer las cosas. La chica tímida y vergonzosa se había transformado en la chica fría y egoísta.

2. Seguía dejándose llevar por el suave ascenso de la escalera mecánica, con la vista puesta a la planta superior, pero su mente no iba en esa dirección precisamente. Sabía que detrás de su novio subía más gente, entre la que podría haber chicos de su edad, que sin duda tendrían sus ojos pegados a su exuberante cuerpo, chicas jóvenes y guapas (quizá las novias de algunos de esos chicos), que podrían transmitir en su mirada una pizca de envidia y/o admiración, hombres de cierta edad, maduros, que verían a Mónica como un deseo inalcanzable y lejano, y mujeres, quizá solteras de por vida o divorciadas, que reflejaban en sus ojos una expresión de indecencia y rechazo.

3. Mi gozo se vio truncado cuando se acercó el camarero. Me dio un susto de muerte. Me recompuse como pude y pude ver en sus labios como se dibujaba en su comisura una mueca maligna que dejaba ver que sabía lo que hacíamos. Laura pidió de postre fresas bañadas en champán y yo pétalos de flor bañados en chocolate blanco. Terminamos lo más rápido que pudimos porque a ambos las ganas de sexo nos podían. Pagué con mi tarjeta de crédito. Salimos a la calle y a apenas dos metros de la puerta del restaurante la agarré por la cintura acercando su cuerpo al mío y besando sus rojos labios. Estuvimos mucho tiempo besándonos, pasaron muchos taxis por delante de la puerta del restaurante. Paramos a uno y nos dirigimos al hotel aguantando las ganas de besarnos y tocarnos por aquello de mantener la corrección.

4. Tu cuerpo se tensaba pero no huías, moví mi cadera como tu me haz enseñado, tu verga hervía de emoción, te tome de las caderas y empuje la mía hasta el fondo, yo estaba empapada, mi sueño se convertía en realidad poseerte total y plenamente, acaricie tu espalda, la bese ,apreté tus nalgas, el vaivén iba en aumento, mientras tu removías tu sexo, seguí el compás de tus movimientos, era una locura, mi pasión se desbordaba, mi concha se inundaba sentí el temblor de tu cuerpo y supe que se aproximaba el fin, arremetí con más fuerza hasta ver salir tu leche caliente como un disparo, salí de tu ser lentamente y tu caíste exhausto en la cama, me miraste con un dejo de reproche, pero tu expresión cambio inmediatamente y me brindaste la más bella de tus sonrisas.