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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Yadira se puso en pie y le besó con pasión dejándole a mitad del beso, sediento de ella. Se apartó un poco para que él pudiera verla y deslizó la tela por sus hombros dejándola caer al suelo con un suave susurro y se quedó allí, quieta, desnuda frente a él, dejándole recorrerla con sus ojos, comérsela con la mirada. El pene de él se hinchó un poco más con la exquisita belleza de su desnudez; los pezones de ella se endurecieron volviéndose de un tono rosa oscuro y contrastando con la blanca piel de sus pechos y su entrepierna. Hacía frío en los calabozos, y la piel se le puso de gallina, pero aún así le dejó mirarla hasta que su propia calentura no le dejó más remedio que pasar a la acción. Soltó las cadenas liberando sus brazos, no así sus manos que seguían unidas entre sí por unos 40 centímetros de cadena. Él quiso tomar el control, pero ella se lo impidió, le tomó de los cabellos y le obligó a bajar el rostro hasta sus pechos.

2. Antes de que la excitación acabara con el juego ella se detuvo, él estuvo a punto de quejarse pero ella se lo impidió con un gesto de sus brillantes ojos. Él guardó silencio, estaba disfrutando de la sensación de sentirse dominado, era algo nuevo para él que siempre había controlado la situación, seguramente porque nunca había llegado a confiar plenamente en ninguna de las mujeres que compartieron su cama, pero con Yadira era distinto, confiaba en ella plenamente, la deseaba tanto que le dolía, tanto que no le hubiera importado caer por su espada, aunque, claro está, prefería mil veces compartir su lecho y disfrutar de los placeres que su cuerpo escondía.

3. Te empuje hacia atrás, quedando yo al dominio del placer. Tus manos amasaban mi pecho, los colmabas de besos. Apretabas mis nalgas, abriéndolas despacio, metiendo entre ellas tus dedos buscando por donde más penetrarme. Mi cuerpo temblaba, sucumbía de placer y junto con el tuyo, fueron cubriéndose de roció, que al contacto con nuestra piel hervía al instante. La noche empezaba a envolvernos, la luna distante con su manto de estrellas nos envidiaba. Irradiábamos luz propia, encontrándonos al rojo vivo; mi botón al roce con tu pubis estaba listo para explotar. Mis movimientos fueron cada vez más embravecidos, transportándonos al cielo en un instante.

4. En ese preciso instante te di la espalda y fui bajando poco a poco el cierre de mi vestido mientras oía el clic del obturador. Mi espalda se reveló ante ti y lentamente dando la media vuelta mire fijamente a la cámara como si viera directamente a tus propios ojos. Los tirantes de mi vestido fueron deslizándose por mis hombros mientras mi mano le sostenía y de manera un tanto provocativa, fui soltándolo hasta que este cayó en medio de las flores. Y entre aquellas flores, solo la naturaleza y tú fueron testigos de mi desnudez.Fui dejándome guiar por ti, descubriendo mi talento de modelaje. Sentía una seductora emoción al saber que mi cuerpo quedaría plasmado para siempre y que tal vez hasta en una de tus exposiciones pudiera llegar a encontrarme.