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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Así que Mónica no llevaba ropa interior. No era algo inusual en ella, incluso antes de iniciar su relación con Marcos ya lo había probado en diversas ocasiones. Le gustaba sentirse liberada de esas pequeñas prendas, aunque también sabía usarlas con enorme conocimiento cuando la ocasión lo requería. Al levantarse aquella mañana de la cama, junto a su novio, Mónica se duchó y se dispuso a escoger la ropa que se pondría aquel día. Empezando con el morbo habitual entre ellos dos, le preguntó a Marcos, en un tono socarrón, que deseaba que se pusiera para vestirse. Él, acostumbrado ya a estas preguntas, le respondió desde el baño que no era necesario que se pusiera nada. Se refería a la ropa interior, por supuesto. Mónica, ni corta ni perezosa, le hizo caso, y se vistió tal como se encontraba en esos momentos en unos grandes almacenes.

2. Llegamos a la recepción del hotel, pedimos las llaves de su habitación porque era la que quedaba más cerca. Volamos por las escaleras con tal de no esperar el ascensor, al fin y al cabo era la primera planta. Entrar por la puerta y fundirnos en un abrazo y beso apasionado fue todo uno. La cogí entre mis brazos y me la llevé hasta la cama, allí la tumbé quedándome yo al final del lecho. Levantó las piernas ofreciéndome un pie, lo cogí y acerqué mis labios. Respiré y me vino un imperceptible aroma fresco procedente de ellos. Besé brevemente los pies pasando a meter sus dedos en mi boca. Lamí todos y cada uno de sus diez deditos, los tuve en mi boca el tiempo que quise mientras observaba la cara de satisfacción que tenía Laura. Empecé a subir por el empeine muy lentamente recorriendo con mi lengua cada recoveco de su piel, llegué a su muslo interior pasando por su rodilla. Ella estaba abierta de piernas con las rodillas dobladas y yo tenía mi boca junto a su ingle, podía oler su sexo a escasos centímetros. Subí mi cabeza para ver su cara y buscar su consentimiento. Ella se terminó de subir la falda que estaba ya casi subida y levantó la cadera invitándome a quitarle las preciosas braguitas negras que llevaba. Se las quité poco a poco, deleitándome en la visión su pubis, no se depilaba pero tenía su coñito arreglado perfectamente. Le bajé hasta los tobillos y sacó uno de los pies para poder abrir las piernas. Nada más hacerlo me abalancé con ansia sobre su vagina. Chupé con voracidad sus labios mayores buscando con mi lengua la entrada de la vagina. Ella de mientras se quitó la parte de arriba quedando completamente desnuda, yo lo intentaba pero con mi cara hundida entre sus piernas no podía apenas quitarme una sola prenda. Casi me asfixiaba pero me moría de placer, solo escuchar como suspiraba Laura me llevaba a empujar mi lengua lo más dentro posible, separé mi cara para tomar aire y me desnudé como pude.

3. Davor se había presentado a ella semanas antes, como emisario de un reino cercano con el que pretendía establecer prósperas relaciones comerciales, tenía una pícara sonrisa y todas las mujeres del castillo decían de él que era un auténtico sinvergüenza, aún así era respetuoso y casi cariñoso con Yadira, la mujer, que tan sólo aceptaba a los hombres para satisfacer sus ocasionales apetitos, se había dejado caer en sus redes. Muy a regañadientes, se vio obligada a admitir que sus hermosos ojos color miel la volvían loca, no tanto por su color sino por lo que sus miradas la hacían sentir y le dejaban entender. Su cabello negro y corto en el que ella había deseado enredar sus dedos, su cuerpo musculoso, entrenado a fuerza de manejar la espada, incluso su firme trasero la hacía sentirse juguetona. Se regañaba a sí misma por perder los papeles cada vez que él estaba presente, normalmente la serenidad, frialdad y casi indiferencia la escudaban en cada acto, pero nunca cuando él estaba cerca. Nunca con Davor.

4. La noche avanzaba, y después de tomarnos varias cervezas, todos estabamos completamente deshinibidos en el boliche y el ambiente empezaba a ponerse muy bueno!, la música increíble y todos bailando y cantando fuerte. La verdad, la cosa se estaba poniendo muy bien...