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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Le quité la ropa mientras ella me quitaba la mía, ella se estiró y yo tras ver su coño rasurado solo me dieron ganas de comérmelo y eso hice... empecé lamiendo con suavidad los contornos de su clítoris y con la mano derecha acariciando su vagina, ella empezó a agitarse y a gemir, fue cuando empecé a pasar la lengua por su clítoris haciendo movimientos rápidos, contra más rápido movía la lengua más grande era su placer y mi mano no pudo resistirse en entrar en su vagina. Sus gemidos eran cada vez más altos y su cuerpo se retorcía de placer… fue cuando mi polla entró en acción, se la metí y puse sus piernas sobre mis hombros para que así pudiera entrar con más profundidad, su voz cada vez se hacía más frágil cosa que hacía ponerme más caliente, luego ella se puso encima de mi y le pedí que me cabalgara rápido, ella aceptó y se empezó a agitar, pero no fue hasta que la puse a cuatro patas que nos corrimos tras un arranque de fuerza que le provocó comerse la almohada tras la fuerza con la q le estaba penetrando. Fue genial y acabamos reventados, aunque sabíamos que aquella no iba a ser la única vez aquel día...

2. No tardé tampoco en meter mi mano por debajo de tu pantalón y de tu tanga para tocar tu culo sabrosón como diría un sudamericano, no me corté en hacerlo, en enredar mis dedos en tu tanga para apretarlo suavemente contra tu coño, noté una reacción y creo que agradable al sentir que algo se introducía entre tus labios vaginales, seguí así un ratito apretando mi mano contra tu culo y tarando suavemente del tanga. Ya no aguante mas y dejé de acariciar tus pechos y me decidí por llevar mi mano a tu entrepierna, apretándola contra el pantalón para sentir la calentura que tenias en tu coño, al notar esa calentura, no tuve mas que hacer todo lo que pudiera por aliviarla, abrí tu bragueta y metí mi mano dentro viendo en tu cara un gesto de satisfacción que aunque profundo no llegó a producirte ningún gemido, que al poco de introducir mi mano en tu coño no tardarías en producir.

3. Llegamos a la recepción del hotel, pedimos las llaves de su habitación porque era la que quedaba más cerca. Volamos por las escaleras con tal de no esperar el ascensor, al fin y al cabo era la primera planta. Entrar por la puerta y fundirnos en un abrazo y beso apasionado fue todo uno. La cogí entre mis brazos y me la llevé hasta la cama, allí la tumbé quedándome yo al final del lecho. Levantó las piernas ofreciéndome un pie, lo cogí y acerqué mis labios. Respiré y me vino un imperceptible aroma fresco procedente de ellos. Besé brevemente los pies pasando a meter sus dedos en mi boca. Lamí todos y cada uno de sus diez deditos, los tuve en mi boca el tiempo que quise mientras observaba la cara de satisfacción que tenía Laura. Empecé a subir por el empeine muy lentamente recorriendo con mi lengua cada recoveco de su piel, llegué a su muslo interior pasando por su rodilla. Ella estaba abierta de piernas con las rodillas dobladas y yo tenía mi boca junto a su ingle, podía oler su sexo a escasos centímetros. Subí mi cabeza para ver su cara y buscar su consentimiento. Ella se terminó de subir la falda que estaba ya casi subida y levantó la cadera invitándome a quitarle las preciosas braguitas negras que llevaba. Se las quité poco a poco, deleitándome en la visión su pubis, no se depilaba pero tenía su coñito arreglado perfectamente. Le bajé hasta los tobillos y sacó uno de los pies para poder abrir las piernas. Nada más hacerlo me abalancé con ansia sobre su vagina. Chupé con voracidad sus labios mayores buscando con mi lengua la entrada de la vagina. Ella de mientras se quitó la parte de arriba quedando completamente desnuda, yo lo intentaba pero con mi cara hundida entre sus piernas no podía apenas quitarme una sola prenda. Casi me asfixiaba pero me moría de placer, solo escuchar como suspiraba Laura me llevaba a empujar mi lengua lo más dentro posible, separé mi cara para tomar aire y me desnudé como pude.

4. Grande fue mi asombro al salir y encontrarle tendido en la cama profundamente dormido. Ahí estaba yo pensando en el destino y el se había quedado dormido con la música de Chopin como fondo. Alguien podría haberse enojado pero a mi solo me producía inmensa ternura verle allí dormido, su respiración acompasada y sus manos reposando sobre la almohada. Yo, con un desacostumbrado arrojo me libere de la toalla y me senté a su lado en la cama. Con cuidado de no despertarlo le quite sus zapatos, me tumbe a su lado arropándonos con una sabana blanca y finalmente abrazada a su espalda y sintiendo mi cuerpo desnudo y aun fresco por la ducha pegado al suyo tibio y cubierto por un jeans y una camiseta. Al poco rato de escuchar el ritmo regular de su respiración y sentir el sube y baja de su pecho, yo también me quede dormida.