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Masajes eróticos y sensuales en Madrid

Hola, mi nombre es Diana, una joven sensual y elegante, con un estilo muy especial. Mi discreción y saber estar me convierten en una compañera perfecta para compartir deliciosas y cómplices veladas. Adoro el juego de la seducción y en la intimidad, descubrirás que soy un regalo para todos tus sentidos.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Yo no me privaba de decirle lo que me hacía gozar ni de calificar con palabras claras y precisas, provenientes de los más vulgares lugares, sus habilidades como mamadora y máquina sexual educada en los más bajos burdeles recorridos por marineros borrachos.Sabía lo que hacía, me escuchaba y controlaba mis gestos. Llevo una mano al tronco de mi pene para acelerar el movimiento, la otra se deslizo con agilidad y picardía, mientras succionaba con fuerza me arrancó un nuevo grito de placer cuando su dedo con decisión y delicadeza perforó mi esfínter y arribó con precisión a masajear esa extraña tersura de mi próstata. Mis palabras y mis cuasi estertores le hicieron evidentes que mi leche estaba siendo lanzada en su interior. Cual experta movió sus dedos y sus labios para extraer esas últimas gotas que no habían sido expulsadas.

2. Mónica pensaba en todo eso, quizá no era exactamente así, quizá su imaginación iba demasiado deprisa, pero le gustaba sentirse observada, ser el centro de atención… de hecho, le encantaba. Tenía un cuerpo bonito, atractivo para la gran mayoría de los hombres…y de no pocas mujeres. Bajo su minifalda se vislumbraban unos muslos bien bronceados, al igual que el resto de su piel (incluso la que no era visible), y que se veían tremendamente sensuales y deseables. El aspecto de sus piernas era inmejorable, y es que a pesar de ser una muchacha muy dinámica y que siempre andaba ocupada, siempre disponía de unos minutitos para cuidárselas, y sin vislumbrarse ningún rasguño ni irregularidad, su piel confería un aspecto fino y suave.

3. Mónica tomó asiento, sin dejar de mirar a los ojos de Marcos, y con una sonrisa casi imperceptible en su cálida boca. Marcos asimiló por fin la situación, y le pareció inmensamente morbosa y excitante. Notó un movimiento en su entrepierna…no era para menos, su novia le acababa de entregarle sus braguitas en medio de un restaurante repleto de gente. Allí estaba ella, tan guapa con ese elegante vestido, y a la vez tan morbosa…Marcos supo que había encontrado a su alma gemela, al amor de su vida. Agarró la prenda íntima de su novia, y pensó en dejarla en algún sitio a buen recaudo, como queriendo esconderla, pero no supo dónde guardarla…luego, yendo al otro extremo, pensó en llevársela a la cara, y olerla tiernamente. Le excitaba hacer eso en presencia de Mónica…y de otras personas anónimas. Su erección estaba más que consumada. Pero al final no se atrevió, y decidió dejarlas donde Mónica quiso dejarlas caer…al fin y al cabo, era el sitio más seguro para tenerlas bajo custodia. Mónica, por su parte, sentía un suave cosquilleo en su estómago, pero se encontraba tremendamente excitada. Al sentarse había notado con más intensidad el frío de la silla. Había pensado también en hacer algo más, pero que ya vio que seria inviable…al menos en esa noche. Quería que su novio lo viera con sus propios ojos.

4. Cada vez le deseo más y sé que él a mi también. Mi sexo está cada vez más húmedo y el suyo cada vez más hinchado, por eso le miro a los ojos y le suplico con la mirada que me haga suya. No sé hace esperar, dirige su pene hacía mi vagina y desciendo sobre él. Le abrazo, pego mi cuerpo al suyo y empiezo a moverme. Poco a poco nuestros movimientos se van acompasando. Sus manos acarician mis nalgas mientras subo y bajo sintiendo como su sexo me llena. Suspiro, gimo de placer. Mi boca busca la suya y nos besamos profundamente. Dejo que el placer recorra todos los rincones de mi cuerpo, mientras el fuego de la pasión arde entre nosotros. Desearía estar siempre así, sentirle siempre dentro de mí, pero no puedo. Debo acelerar mis movimientos, dejar que el placer nos venza o en unos minutos alguna de las dependientas vendrá a sacarnos de aquí. Cabalgo cada vez más rápidamente y también él empuja hacía mí. Siento como su verga se hincha dentro de mí, sé que de un momento a otro se va a correr. Acelero más mi movimientos y siento el placer explotando entre mis piernas. Sigo empujando, haciendo que mi vagina estruje su sexo y en pocos segundos también él se corre.