Masajes Madrid

Masajes eróticos y sensuales en Madrid

Hola, soy Ruth, una escort española con mucha clase. Soy una chica culta, con mucha conversación y muy simpática. Conmigo tendrás una absoluta discreción, por lo que juntos podemos ir a una cena, al teatro o a un cóctel … siempre te acompañaré de una forma muy elegante y sofisticada. Si hablas otro idioma distinto al español, no te preocupes, tengo formación universitaria y hablo varios idiomas. A parte de tener una excelente sensibilidad musical. En la intimidad soy muy apasionada, sensual y morbosa. Me encanta el sexo y disfruto con ello. Soy muy implicada, y estoy segura de que juntos disfrutaremos de todas esas fantasías que llevas tiempo esperando y buscando. Dispongo de apartamento privado y confortable, en el que podremos estar muy a gusto juntos, tomarnos una copa, oír música ... y disfrutar de los placeres que da la vida. Te espero. Un besito dónde más te guste.

Masajes eróticos y sensuales, Tantra, cuerpo a cuerpo, lo que desees ... Soy una excelente masajista que te ofrece exquisitos masajes en Madrid.

Pincha aquí para ver mi web con fotos

Masajes Madrid

Masajistas en Madrid

Servicios publicados

Estos son algunos de los servicios que publicamos: Servicios aleatorios Chicas de compañía - Casas relax - Contactos eróticos - Prostitutas de lujo - Anuncios de sexo - Azafatas - Burdeles - Agencias de escorts - Locales de intercambio - Putas a domicilio - Tantra - BDSM - Acompañantes de lujo - Masajes eroticos - Prostíbulos - Escorts independientes - Salidas a hoteles y domicilios - Callgirls - Clubes de relax - Sado erótico - Putas de lujo - Clubs de alterne - Apartamentos por horas - Damas compañía - Call girls - Modelos - Saunas eróticas - Scorts de alto standing - Pisos de relax - Chicas de alterne - Señoritas de compañía -

Te recomendados

Aquí tienes diferentes locales donde puedes asistir: Clubs aleatorios Aribau 64 - Sauna Cristal - Alexia - Sauna Yuma - Azul - Cotton Club - Enigma - Basinger - Jobe y el amor - Bacarra - Club Barbie - L´hibou - Comendadoras - Nice - Kissme - Cuore Cabaret - O´Dely - Habana - Club Starlets - Tuset Barcelona - Club Eros - Hot Madrid - Batman - Bailen 22 - Eden

Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Antes de que la excitación acabara con el juego ella se detuvo, él estuvo a punto de quejarse pero ella se lo impidió con un gesto de sus brillantes ojos. Él guardó silencio, estaba disfrutando de la sensación de sentirse dominado, era algo nuevo para él que siempre había controlado la situación, seguramente porque nunca había llegado a confiar plenamente en ninguna de las mujeres que compartieron su cama, pero con Yadira era distinto, confiaba en ella plenamente, la deseaba tanto que le dolía, tanto que no le hubiera importado caer por su espada, aunque, claro está, prefería mil veces compartir su lecho y disfrutar de los placeres que su cuerpo escondía.

2. Davor se había presentado a ella semanas antes, como emisario de un reino cercano con el que pretendía establecer prósperas relaciones comerciales, tenía una pícara sonrisa y todas las mujeres del castillo decían de él que era un auténtico sinvergüenza, aún así era respetuoso y casi cariñoso con Yadira, la mujer, que tan sólo aceptaba a los hombres para satisfacer sus ocasionales apetitos, se había dejado caer en sus redes. Muy a regañadientes, se vio obligada a admitir que sus hermosos ojos color miel la volvían loca, no tanto por su color sino por lo que sus miradas la hacían sentir y le dejaban entender. Su cabello negro y corto en el que ella había deseado enredar sus dedos, su cuerpo musculoso, entrenado a fuerza de manejar la espada, incluso su firme trasero la hacía sentirse juguetona. Se regañaba a sí misma por perder los papeles cada vez que él estaba presente, normalmente la serenidad, frialdad y casi indiferencia la escudaban en cada acto, pero nunca cuando él estaba cerca. Nunca con Davor.

3. Llegamos a la recepción del hotel, pedimos las llaves de su habitación porque era la que quedaba más cerca. Volamos por las escaleras con tal de no esperar el ascensor, al fin y al cabo era la primera planta. Entrar por la puerta y fundirnos en un abrazo y beso apasionado fue todo uno. La cogí entre mis brazos y me la llevé hasta la cama, allí la tumbé quedándome yo al final del lecho. Levantó las piernas ofreciéndome un pie, lo cogí y acerqué mis labios. Respiré y me vino un imperceptible aroma fresco procedente de ellos. Besé brevemente los pies pasando a meter sus dedos en mi boca. Lamí todos y cada uno de sus diez deditos, los tuve en mi boca el tiempo que quise mientras observaba la cara de satisfacción que tenía Laura. Empecé a subir por el empeine muy lentamente recorriendo con mi lengua cada recoveco de su piel, llegué a su muslo interior pasando por su rodilla. Ella estaba abierta de piernas con las rodillas dobladas y yo tenía mi boca junto a su ingle, podía oler su sexo a escasos centímetros. Subí mi cabeza para ver su cara y buscar su consentimiento. Ella se terminó de subir la falda que estaba ya casi subida y levantó la cadera invitándome a quitarle las preciosas braguitas negras que llevaba. Se las quité poco a poco, deleitándome en la visión su pubis, no se depilaba pero tenía su coñito arreglado perfectamente. Le bajé hasta los tobillos y sacó uno de los pies para poder abrir las piernas. Nada más hacerlo me abalancé con ansia sobre su vagina. Chupé con voracidad sus labios mayores buscando con mi lengua la entrada de la vagina. Ella de mientras se quitó la parte de arriba quedando completamente desnuda, yo lo intentaba pero con mi cara hundida entre sus piernas no podía apenas quitarme una sola prenda. Casi me asfixiaba pero me moría de placer, solo escuchar como suspiraba Laura me llevaba a empujar mi lengua lo más dentro posible, separé mi cara para tomar aire y me desnudé como pude.

4. Yadira se puso en pie y le besó con pasión dejándole a mitad del beso, sediento de ella. Se apartó un poco para que él pudiera verla y deslizó la tela por sus hombros dejándola caer al suelo con un suave susurro y se quedó allí, quieta, desnuda frente a él, dejándole recorrerla con sus ojos, comérsela con la mirada. El pene de él se hinchó un poco más con la exquisita belleza de su desnudez; los pezones de ella se endurecieron volviéndose de un tono rosa oscuro y contrastando con la blanca piel de sus pechos y su entrepierna. Hacía frío en los calabozos, y la piel se le puso de gallina, pero aún así le dejó mirarla hasta que su propia calentura no le dejó más remedio que pasar a la acción. Soltó las cadenas liberando sus brazos, no así sus manos que seguían unidas entre sí por unos 40 centímetros de cadena. Él quiso tomar el control, pero ella se lo impidió, le tomó de los cabellos y le obligó a bajar el rostro hasta sus pechos.