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Masajes eróticos y sensuales en Madrid

Hola, soy Nicole, una dulce venezolana, que destila elegancia en cada gesto. Me encanta disfrutar del placer que supone mantener intensos encuentros íntimos, con caballeros, distinguidos y educados, que sepan apreciar los pequeños placeres de la vida. En la intimidad, descubrirás que soy una amante sin tabús, entregada y liberal, que lo dará todo para proporcionarte un éxtasis total.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Cuando desperté el estaba besando mi frente, mi nariz, mis mejillas. Yo lance un entrecortado suspiro y pensé que era la sensación mas deliciosa que hasta ese instante había podido disfrutar. Sus manos recorrieron mis cabellos, nuca, descendieron por mi espalda y descansaron en mis nalgas......Ya en ese momento mi respiración empezó a hacerse mas profunda y mis senos se mostraban endurecidos bajo la sabana. Yo también lo bese, imitando el trayecto por el recorrido. Quise absorber su ser, fundirnos, hacernos uno, hombre y mujer, un solo cuerpo, una sola carne, un solo ser. Paradójicamente, disfrutando enormemente nuestras diferencias, el desigual relieve, montes, surcos, llanos y curvas de nuestra anatomía.

2. Cierro los ojos y siento que no hay nadie allá afuera, sólo estamos él y yo, y el fuego que arde dentro de nosotros. El mundo podría hundirse bajo mis pies y no me importaría porque él esta conmigo y yo estoy con él. Una de mis manos se desliza hasta su miembro erecto. Lo acaricio suavemente, pero enseguida debo abandonarlo, porque él se agacha. Besa mis senos, los chupetea y sigue hacía bajo por mi vientre hasta llegar a mi sexo. Abro las piernas y siento su dedos moviéndose diestramente, acariciando, y haciendo que la excitación suba y mi respiración se vuelva jadeante. Noto su lengua sobre mi clítoris moviéndose sinuosamente. Suspiro profundamente, mientras con mis manos empujo su cabeza hacía mi sexo. Su lengua baila de mi vagina a mi clítoris alternativamente y las piernas empiezan a flaquearme. Por eso, él se pone en pie y me lleva hasta la cama. Me siento en el borde y abro mis piernas, mientras él se arrodilla entre ellas. Hurga de nuevo entre mi pelo púbico, introduce un dedo en mi vagina y mi cuerpo se tensa. Luego acerca su boca a mi sexo y empieza a lamerlo. Gimo y me estremezco al sentir su boca y me acuesto sobre la cama, mientras él sigue lamiendo e introduciendo un par de dedos en mí de vez en cuando.

3. Como a las tres de la mañana, mientras bailábamos, algo cambió en mi, de repente empecé a mirar a Agustina como nunca antes lo había hecho. Si bien varias veces habiamos salido a bailar siempre ibamos con amigos y como es logico yo no iba a los boliches para bailar con mi hermana. Si a lo largo del tiempo habiamos bailado algun que otro temas juntos alguna vez, pero no era costumbre, y mucho menos estar toda una noche bailando juntos lo que conlleva logicamente a tener cierto contacto fisico. El hecho es que no estaba mirando a Agustina como mi hermana de sangre que era, sino como la hermosura de mujer que es. Su hermoso pelo castaño, sus labios insinuantes, su piel trigueña, su alegría, su frescura, su dulzura y su hermoso cuerpo. Pero ella estaba tan entregada al baile y la diversion que no lo notó.

4. Seguía dejándose llevar por el suave ascenso de la escalera mecánica, con la vista puesta a la planta superior, pero su mente no iba en esa dirección precisamente. Sabía que detrás de su novio subía más gente, entre la que podría haber chicos de su edad, que sin duda tendrían sus ojos pegados a su exuberante cuerpo, chicas jóvenes y guapas (quizá las novias de algunos de esos chicos), que podrían transmitir en su mirada una pizca de envidia y/o admiración, hombres de cierta edad, maduros, que verían a Mónica como un deseo inalcanzable y lejano, y mujeres, quizá solteras de por vida o divorciadas, que reflejaban en sus ojos una expresión de indecencia y rechazo.