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Masajes eróticos y sensuales en Madrid

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. La miré y me volvió a invitar a perderme entre sus piernas separando las rodillas levemente. Me volví a acercar a su preciosa fuente de placer para beber de ella. Esta vez busque su clítoris con ansia y lo encontré, jugué con él poniéndolo entre mis labios, sintiendo su dureza mientras le metía dos dedos por su vagina. A Laura se le ahogo un pequeño grito, se estaba viniendo sobre mi. Su raja estaba húmeda, sus fluidos se repartían entre la cama, mi boca y mis manos. Me separé de ella y subí mis labios hacia sus pezones. Sus pechos eran firmes y turgentes con forma de perita, tenía las aureolas claras y los pezones duros como piedras. Me metí uno de ellos en la boca y lo chupé con fuerza. Succione fuerte como si fuera un bebé hambriento. Ella cogió mi miembro que estaba ya que no podía más y me lo agarró con firmeza. Movía su mano arriba y abajo con fuerza masturbándome con ritmo pausado pero electrizante. Subí mis besos hacia su cuello, le besé la cara y la boca. –Sabes a mí- me dijo. Estuvimos un rato así, nos besábamos mientras ella me masturbaba. Me coloqué encima de ella y con la punta de mi pene empezó a masturbarse, se lo frotaba contra el clítoris. Estuvimos mucho tiempo así, estaba a punto de correrme y como si lo hubiera intuido me soltó.

2. Despues me tiré en la arena, boca arriba y le pedi que se moviera para que se hiciera realidad algo que de por si siempre me exito mucho: Sentir la sensacion de un lindo culito sobre mi cara. Si a esto le agregamos que la que iba a poner su culo encima de mi cara era mi hermana mis niveles de exitación estaban desbordados. Besé sus piernas y ella finalmente se sento encima de mi cara dejando en frente de mi el espectaculo mas majestuoso que pude haber imaginado jamas, Tenia a Agus, mi dulce e inseparable hermana menor desnuda y ofreciendome su culo trigueño para que hiciera con el lo que desee. Entonces fue que hundí mi rostro en la concha de agustina, sintiendo el perfume del incesto que no me dejaba y que hacia que mi pija continuara dura como nunca antes, lamiendo su clítoris, volviendo a su culo y terminando en su clítoris, parando, acariciando con una mano una de sus tetas y con la otra sus piernas y nalgas. En menos de 5 minutos agus estaba acabando otra vez, disfrutandolo a pleno conmigo, viviendo un momento magico, cristalizando carnalmente un amor sincero y puro de verdad, gozando lo prohibido... mientras extendía su mano para acariciar mi pija que a esa altura solo queria vivir dentro de ella, estaba llena de vida, completamente deseosa de romper miedos para siempre.

3. Nos acercamos a la cama y me arrodille ante ti, abrí tu pantalón y descaradamente tu virilidad apareció, la tome entre mis manos y llene mi boca con ella. Saboree cada milímetro, al igual que tu sabor y el calor que emanaba; vi la sonrisa en tus labios en respuesta a mis caricias. La humedecí completamente mientras mi lengua la recorría; la succione buscando tus líquidos, ¡deleitándome! Me atragante con tus testículos, los manejabas maravillosamente, permitiendo que cada uno de ellos inundara mi boca. Nos recostamos en la cama, ya no podíamos más. Tus besos y tus caricias me volvían loca, hicimos el amor de manera indescriptible; me apresaste entre la cama y tu ser, tu boca quemaba mi piel al recorrerla.

4. Cuando dejo de convulsionarme, me coges en brazos, entramos en la habitación y me depositas en la cama. Te desnudas mientras te observo. Me encanta ver como te desvistes para mí, lo haces despacio, demorando el momento, haciendo que me impaciente, hasta que por fin tu sexo erecto, aparece ante mí y acerco mi boca a él para venerarlo, sentándome en el borde de la cama. Tú estás de pie frente a mí, acaricias mi mejilla y yo abro la boca, la cierro sobre tu miembro erecto y empiezo a chuparlo con mucha delicadeza. Me encanta deleitarme en su sabor, sentir como resbala por mi boca, entrando y saliendo de ella, sentir la suavidad de tu piel y el calor. Muevo la lengua serpenteando alrededor de tu miembro viril, acaricio su piel con los dientes. Tus manos se posan sobre mi cabeza, deshacen el moño que me hice antes de salir y dejas caer mi pelo largo y liso sobre mis hombros, enredas tus dedos en él y diriges los movimientos. Te observo, tus ojos están cerrados, sé que estas disfrutando, que te encanta sentir mi boca caliente y húmeda alrededor de tu sexo. Y a mí me encanta saborearlo. Cada vez gimes más fuerte, por lo que haces que me detenga, me acuestas sobre la cama. Te arrodillas frente a mí, separas mis piernas, coges las braguitas por la goma y tiras hacía abajo, quitándomelas con lentitud, mientras besas mis piernas sensualmente. Dejas las bragas a un lado y asciendes beso a beso por mi pierna derecha hasta la ingle, luego repites la operación con la izquierda, yo te miro expectante, y tras eso, acercas tu boca a mi sexo, sacas la lengua y lames. Mi cuerpo se tensa al sentir ese contacto y empiezas a chupar mi clítoris, a lamerlo, a idolatrarlo haciéndome retorcer de gusto y deseo. Tu lengua se enreda en mis labios vaginales, se introduce en mi oscuro agujero y un nuevo gemido escapa de mi garganta. Te deseo y sé que me deseas, necesito tenerte dentro de mí, dejar que la luna derrame su luz sobre nuestros cuerpos mientras se une en un baile de pasión. Por eso, no demoras más el momento. Te levantas, te pones sobre mí, me miras a los ojos profundamente, sonríes y siento como tu sexo entra en el mío despacio, con calma, hasta llenarme completamente. Y nos quedamos así, unidos unos segundos, quietos, mirándonos, sin decirnos nada. Sólo sintiendo el calor de nuestros cuerpos.