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Masajes eróticos y sensuales en Barcelona

Soy Rosser y soy una catalana madura que sabe disfrutar de su cuerpo, muy femenina y sensual. Una dama con la que se puede conversar de cualquier tema, de carácter agradable y dulce … tendrás la sensación de estar con una buena amiga y con la amante perfecta. Ofrezco servicios completos, sin prisas, sin extras en las tarifas … ducha erótica, besos húmedos y apasionados, sexo oral natural, beso negro, masaje prostático, 69, posturitas, body – body. Realizo lésbico con mi compañera Ona. La puedes ver en las fotos y en su ficha … el servicio de lésbico incluye todo lo relatado anteriormente, además mucho sexo oral entre nosotras y, como no, también contigo. Tengo un horario muy reducido y los encuentros son siempre en horas concertadas.

Soy masajista profesional por ello en mis servicios incluyo una sesion del mejor masaje relajante complementado con cuerpo a cuerpo. La sensacion de mis pechos rozando tu cuerpo, experiencia digna de vivir. Mi cuerpo joven te transportará al más alto placer. Masajes eróticos y sensuales para disfutar mejor de la vida. Ven a conocerme y disfrutar de los mejores masajes en Barcelona.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Mientras tanto sus manos recorren con vehemencia los contornos de mi cuerpo, su boca se posa en mi cuello y traza un trayecto lineal pasando por mi pecho hasta mi ombligo y aun mas abajo hacia ese lugar en el que hasta el momento nadie se había acercado. Su lengua roza el contorno superior de mi pubis y creo desfallecer ( recuerden que me había hecho una depilación brasileña ) de lo sensible que estaba en ese punto de mi femenino ser. Su nariz absorbe mi olor y me parece el gesto mas erótico que ojos algunos hayan visto. No sentí ni vergüenza ni nada, solo un inefable placer que me hacia gemir sin intermisión. Sus labios se apoderaron de mi ser y ya no pude pensar mas. Su lengua recorría mis pliegues, saboreaba mis fluidos y mis manos mientras estaban sobre su cabeza acariciándolo y a la vez urgiéndolo a que no parase ese el placentero tratamiento que me infligía. Hasta que por fin supe lo que era un orgasmo, lo que significaba que tu ser se fraccionara en miles de pequeñas porciones y luego se volvieran unir, encajando una en las otras como si fuese un rompecabezas. Sentía como mi cuerpo se contorsionaba causa de los temblores y lo abrace. El se recostó junto a mi y me beso. Su sabor y el mío se entremezclaban resultando, pecaminoso, embriagante como un néctar alucinógeno.

2. Nos acercamos a la cama y me arrodille ante ti, abrí tu pantalón y descaradamente tu virilidad apareció, la tome entre mis manos y llene mi boca con ella. Saboree cada milímetro, al igual que tu sabor y el calor que emanaba; vi la sonrisa en tus labios en respuesta a mis caricias. La humedecí completamente mientras mi lengua la recorría; la succione buscando tus líquidos, ¡deleitándome! Me atragante con tus testículos, los manejabas maravillosamente, permitiendo que cada uno de ellos inundara mi boca. Nos recostamos en la cama, ya no podíamos más. Tus besos y tus caricias me volvían loca, hicimos el amor de manera indescriptible; me apresaste entre la cama y tu ser, tu boca quemaba mi piel al recorrerla.

3. Yadira se despojó de la armadura, ignorando el lacerante dolor de una herida reciente en el costado, apartó los suaves pantalones de cuero blando a un lado y por último, se desprendió de la camisa. Ya desnuda se metió en la bañera de agua caliente que acababan de prepararle. Su cuerpo estaba perfectamente contorneado por los largos años de ejercicio militar, su brazo era poderoso con la espada pero reflejaba una salvaje belleza femenina, al igual que el resto de su anatomía. Era una mujer de piel tostada y suave, marcada por alguna que otra cicatriz finísima que en nada afeaba su aspecto, voluptuosa, de oscuros cabellos que caían en cascadas rizadas sobre sus hombros y unos intensos ojos grises, más fríos que agujas de hielo, pero salvajes y hermosos a la vez. Yadira se había hecho con el control de medio país gracias a su fuerza y a que era una gran estratega, sin embargo, esta vez, la victoria no era suya, al menos no del todo.

4. Yadira golpeó el agua con el puño y se irguió malhumorada de la bañera dejando caer el agua tibia por su cuerpo, que brillaba bajo el danzante baile de las llamas de las velas. Se echó una bata de fina seda negra sobre el cuerpo que, si bien la cubría por completo, era lo bastante fina como para dejar entrever lo que había debajo; así ataviada salió de su aposento en dirección a los calabozos. Necesitaba saberlo, necesitaba oírselo decir. Sus pies descalzos resonaron en la lóbrega piedra de la escalinata, con un gesto ordenó al soldado que estaba de guardia que se marchara y los dejara a solas, éste le tendió la llave y se alejó de allí sin hacer preguntas. Yadira hizo girar la llave en la cerradura y la puerta se abrió con un desagradable chirrido. Davor estaba allí, con los brazos en alto firmemente sujetos por argollas que colgaban del techo, le había quitado la armadura y ahora tan solo llevaba los calzones de cuero negro y las botas, su torso estaba totalmente desnudo y dejaba ver varias heridas del arma de Yadira. La mujer tuvo que hacer un esfuerzo para no correr a liberarlo, se encaró con él haciendo gala de su gesto más indiferente, aunque él sabía que el fuego ardía en su interior.