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Masajes eróticos y sensuales en Barcelona

Hola, mi nombre es Aitana y soy una mujer con unas curvas muy apetecibles. En sociedad soy cómo una gatita, cuando empiezan a quitarme la ropa me vuelvo como una felina. Me gusta cuando un caballero me hace estremecer de placer en la intimidad de una alcoba, me convierto en una leona en celo, feroz y hambrienta de sexo. Soy una amante completa, casi nunca digo que no.

Soy masajista profesional por ello en mis servicios incluyo una sesion del mejor masaje relajante complementado con cuerpo a cuerpo. La sensacion de mis pechos rozando tu cuerpo, experiencia digna de vivir. Mi cuerpo joven te transportará al más alto placer. Masajes eróticos y sensuales para disfutar mejor de la vida. Ven a conocerme y disfrutar de los mejores masajes en Barcelona.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Yadira se despojó de la armadura, ignorando el lacerante dolor de una herida reciente en el costado, apartó los suaves pantalones de cuero blando a un lado y por último, se desprendió de la camisa. Ya desnuda se metió en la bañera de agua caliente que acababan de prepararle. Su cuerpo estaba perfectamente contorneado por los largos años de ejercicio militar, su brazo era poderoso con la espada pero reflejaba una salvaje belleza femenina, al igual que el resto de su anatomía. Era una mujer de piel tostada y suave, marcada por alguna que otra cicatriz finísima que en nada afeaba su aspecto, voluptuosa, de oscuros cabellos que caían en cascadas rizadas sobre sus hombros y unos intensos ojos grises, más fríos que agujas de hielo, pero salvajes y hermosos a la vez. Yadira se había hecho con el control de medio país gracias a su fuerza y a que era una gran estratega, sin embargo, esta vez, la victoria no era suya, al menos no del todo.

2. Yadira golpeó el agua con el puño y se irguió malhumorada de la bañera dejando caer el agua tibia por su cuerpo, que brillaba bajo el danzante baile de las llamas de las velas. Se echó una bata de fina seda negra sobre el cuerpo que, si bien la cubría por completo, era lo bastante fina como para dejar entrever lo que había debajo; así ataviada salió de su aposento en dirección a los calabozos. Necesitaba saberlo, necesitaba oírselo decir. Sus pies descalzos resonaron en la lóbrega piedra de la escalinata, con un gesto ordenó al soldado que estaba de guardia que se marchara y los dejara a solas, éste le tendió la llave y se alejó de allí sin hacer preguntas. Yadira hizo girar la llave en la cerradura y la puerta se abrió con un desagradable chirrido. Davor estaba allí, con los brazos en alto firmemente sujetos por argollas que colgaban del techo, le había quitado la armadura y ahora tan solo llevaba los calzones de cuero negro y las botas, su torso estaba totalmente desnudo y dejaba ver varias heridas del arma de Yadira. La mujer tuvo que hacer un esfuerzo para no correr a liberarlo, se encaró con él haciendo gala de su gesto más indiferente, aunque él sabía que el fuego ardía en su interior.

3. Nuestras caderas se movían al mismo compás y tú te adentrabas más y más fuerte haciéndome gemir de placer a cada instante. Besé tu rostro en cada golpe que dabas y mis piernas te abrazaban, te jalaban y aprisionaban para no dejarte ir. Hábilmente nos sentamos, quedando frente a frente siendo aun uno; mis ojos se hallaron con los tuyos, perdiéndose en la inmensidad y el deseo. Mi cadera danzaba rítmicamente y tu boca matizaba completamente mi rostro. Tomaste mi cadera empujándola hacia ti, yo podía sentir la dureza y la forma perfecta en que encajábamos. Involuntariamente salían suspiros y murmurábamos palabras entrecortadas desde el profundo de nuestro ser.

4. Lentamente fuiste acercándote, mi corazón latía con fuerza y en un segundo estabas frente a mí. Me llamaste por mi nombre y yo a ti. Tomaste mis manos y besaste mi mejilla. Me volvía loca, quería lanzarme a tus brazos, más sin embargo espere. Mi deseo era demasiado, ¡eras tal como yo te había imaginado! Buscamos un lugar más solitario para poder charlar, fue una situación extraña, el estar frente a frente nos cohibía, tratamos de relajarnos, de platicar; pero alguien tenía que dar el primer paso, te pedí que te acercaras y te entregue mi boca.