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Soy Lucía, una señorita dulce y educada que se transforma en la intimidad. Me gusta el ejercicio físico y cuidar mi cuerpo en el gimnasio. Mi cabello rubio natural y mis ojos claros me dan una imagen angelical, algo que se confirma con mi cariñoso y exquisito trato. Femenina y tierna, la chica que muchos hombres desean tener como novia. Pero cuando se cierra la puerta del dormitorio y las prendas se van desprendiendo de mi cuerpo, poco a poco me voy convirtiéndome en una amante morbosa e insaciable. Al fin y al cabo soy una mujer y me gusta mucho el sexo ...

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
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1. Al llegar a su cintura, con ambas manos la atraje hacia mí poniéndola en cuatro y disfrutando al maximo de cada segundo empecé a sacarle lentamente y al mismo tiempo, la mini y la tanga que llevaba puesta, muy lentamente, y diciendole que la amaba y la deseaba... Poco a poco, empecé a besar entre sus nalgas, el pensar que estaba por besar el el clitoris de agustina me puso a mil!, estaba exitado como nunca antes en mi vida lo habia estado y entonces, llegue a ese centro de placer, olia a limpio, a sexo prohibido y a verdadero amor; al llegar saque mi lengua y empecé a lamerlo con el amor y la dedicación que solo merecia mi hermana, ella me ayudaba con las manos separando los cachetes de su cola, el perfume del placer me estaba volviendo loco, ya quería sentirla, sentirla toda, hacerla mia y probar sus jugos, su saliva, su amor, sus miedos, sus deseos; ya no aguantaba mas. Transiprabamos, gemiamos, nos sentiamos mas hermanos que nunca, estabamos disfrutandonos y amandonos como nadie se podia imaginar, ni siquiera nosotros mismos. ella gemía de la manera mas tierna y caliente que he visto hasta el dia de hoy, no era solo sexo, habia algo mas, habia AMOR verdadero.

2. Mónica pensaba en todo eso, quizá no era exactamente así, quizá su imaginación iba demasiado deprisa, pero le gustaba sentirse observada, ser el centro de atención… de hecho, le encantaba. Tenía un cuerpo bonito, atractivo para la gran mayoría de los hombres…y de no pocas mujeres. Bajo su minifalda se vislumbraban unos muslos bien bronceados, al igual que el resto de su piel (incluso la que no era visible), y que se veían tremendamente sensuales y deseables. El aspecto de sus piernas era inmejorable, y es que a pesar de ser una muchacha muy dinámica y que siempre andaba ocupada, siempre disponía de unos minutitos para cuidárselas, y sin vislumbrarse ningún rasguño ni irregularidad, su piel confería un aspecto fino y suave.

3. Hacia la pista nos fuimos otra vez y comenzamos a bailar el lento juntos, no se, pero en ese momento sentí algo muy fuerte, como que me estaba poniendo romántico ;si, con mi hermana!!, me daba miedo lo que me estaba pasando pero al mismo tiempo me sentía como pocas veces me habia sentido con una chica, entonces la agarre de la cintura y bailamos. De repente mi cabeza se convirtio en un torbellino de sentimientos encontrados, a esa altura comenzaba a perder control sobre mis actos y mis sensaciones de temor por la situación le dejaba paso al impulso del momento. Mi pensamiento definitivamente empezó a girar en torno a mi hermana y a lo exitante que seria poder hacer el amor con ella. Ya se me hacia imposible dejar de desearla y de observar disimuladamente cada centimetro de su cuerpo. Estaba que volaba!... por un lado, en ese momento sentia una atracción fisica por ella que jamas hubiese imaginado y por otro la amaba como no amaba a nadie mas sobre la faz de la tierra, agustina siempre lo fue todo para mi y siempre hubo un lazo muy fuerte entre nosotros, pero nunca antes se me habia cruzado por la cabeza el hecho de amarla de otra forma que como simples hermanos, algo inquietante estaba ocurriendo en mi.

4. Me pego a ti, trato de provocarte, me bajas los tirantes del vestido muy despacio, por mis brazos, luego lo dejas caer al suelo. Recuesto mi cabeza sobre tu hombro, acercas tus labios a los míos y nos besamos. Mis manos se adentran entre tu cuerpo y el mío y toco tu sexo erguido por encima de la tela, esta tieso, erecto. Lo acaricio con suavidad. Te deseo y sé que me deseas, pero nos detenemos en las caricias, en el juego de seducción que envuelve este momento. Tus manos recorren mis brazos hacia mis hombros y luego se acercan a mis senos. Los acaricias por encima del sujetador. Nuestros cuerpos se calientan mutuamente. Metes tus manos entre mi piel y el sujetador, pellizcas mis pezones y todo mi cuerpo se estremece. Entretanto he conseguido bajarte la cremallera del pantalón y he metido la mano dentro, pero tú la sacas con paciencia. Quieres alargar más el juego. Me inclinas sobre la baranda, haciendo que te muestre mi culo y lo acaricias por encima de las braguitas, luego las apartas y acaricias mi sexo, siento tus dedos hurgando en mis labios vaginales, se introducen en mí y un gemido escapa de mi garganta. La luna sigue atenta la escena. Empiezas a mover los dedos, dentro y fuera de mí, provocándome dulces gemidos de placer. Deseo más, mucho más, pero tú me torturas con esas caricias durante un largo espacio de tiempo, el suficiente para conseguir que me corra de placer.