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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
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1. Luego bajé sus piernas de mis hombros y rápidamente la abracé, pasando mi brazo izquierdo por encima de su hombro y nos volvimos a besar, no recuerdo haberme besado con una chica de la manera salvaje y sensual como lo hicimos esa noche con mi hermana agustina, recuerdo que nos comiamos vivos, ella dejaba escapar algo de su saliva y yo me la tragaba con un placer inconmensurable y viceversa, ella me pedia que dejara caer mi saliva por encima de sus labios para que ella la saborera primero con su lengua y despues nos besaramos salvajemente pasandonos nuestras salivas, no se, en otro momento y con otra persona me pudo haber parecido algo grotesco, pero con mi hermana estaba dispuesto a hacer TODO, e inclusive esto me exitaba mucho al hacerlo con ella.

2. Seguía dejándose llevar por el suave ascenso de la escalera mecánica, con la vista puesta a la planta superior, pero su mente no iba en esa dirección precisamente. Sabía que detrás de su novio subía más gente, entre la que podría haber chicos de su edad, que sin duda tendrían sus ojos pegados a su exuberante cuerpo, chicas jóvenes y guapas (quizá las novias de algunos de esos chicos), que podrían transmitir en su mirada una pizca de envidia y/o admiración, hombres de cierta edad, maduros, que verían a Mónica como un deseo inalcanzable y lejano, y mujeres, quizá solteras de por vida o divorciadas, que reflejaban en sus ojos una expresión de indecencia y rechazo.

3. Mónica pensaba en todo eso, quizá no era exactamente así, quizá su imaginación iba demasiado deprisa, pero le gustaba sentirse observada, ser el centro de atención… de hecho, le encantaba. Tenía un cuerpo bonito, atractivo para la gran mayoría de los hombres…y de no pocas mujeres. Bajo su minifalda se vislumbraban unos muslos bien bronceados, al igual que el resto de su piel (incluso la que no era visible), y que se veían tremendamente sensuales y deseables. El aspecto de sus piernas era inmejorable, y es que a pesar de ser una muchacha muy dinámica y que siempre andaba ocupada, siempre disponía de unos minutitos para cuidárselas, y sin vislumbrarse ningún rasguño ni irregularidad, su piel confería un aspecto fino y suave.

4. Nos abrazamos fuertemente mientras me recostaba sobre la mesa, a la vez que volcaba las copas y el tipo del bar se iba, bajaron las luces y todo fue besos, caricias, quejidos, susurros de esos que te hacen temblar y, mi cuello, pobrecito del..... recibía los mejores besos que jamás a recibido. Mis senos, calientes de tantas caricias, salieron de mi sostén blanco tal cual fueran alimentar un bebe, y él, tiernamente, poso esos exquisitos labios en ellos, mientras una de sus manos se colaba bajo mi falda buscando mi secreto, ese que luego recibiría todo el fuego de aquel tipo desconocido. Después de aquel encuentro furtivo, y de tener sexo en un bar solo para nosotros dos, jamás volví a estar con él, ni siquiera supe su nombre, solo me quedo el lindo recuerdo de un macho riquísimo que me amó como si hubiera estado guardando esa pasión para mí durante mucho tiempo y al cual, mientras gemía disfrutando de tanto placer en medio de un desenfrenado mete y saca, desnudos sobre una mesa, mirándonos lujuriosamente, llamé Víctor.