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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Yadira golpeó el agua con el puño y se irguió malhumorada de la bañera dejando caer el agua tibia por su cuerpo, que brillaba bajo el danzante baile de las llamas de las velas. Se echó una bata de fina seda negra sobre el cuerpo que, si bien la cubría por completo, era lo bastante fina como para dejar entrever lo que había debajo; así ataviada salió de su aposento en dirección a los calabozos. Necesitaba saberlo, necesitaba oírselo decir. Sus pies descalzos resonaron en la lóbrega piedra de la escalinata, con un gesto ordenó al soldado que estaba de guardia que se marchara y los dejara a solas, éste le tendió la llave y se alejó de allí sin hacer preguntas. Yadira hizo girar la llave en la cerradura y la puerta se abrió con un desagradable chirrido. Davor estaba allí, con los brazos en alto firmemente sujetos por argollas que colgaban del techo, le había quitado la armadura y ahora tan solo llevaba los calzones de cuero negro y las botas, su torso estaba totalmente desnudo y dejaba ver varias heridas del arma de Yadira. La mujer tuvo que hacer un esfuerzo para no correr a liberarlo, se encaró con él haciendo gala de su gesto más indiferente, aunque él sabía que el fuego ardía en su interior.

2. El propósito básico de la ducha no fue precisamente la higiene sino el tranquilizar mis emociones y mi corazón que galopaba desaforadamente dentro de mi pecho. Mientras sentía las frescas gotas en mi rostro sopesaba cada una de las implicaciones de estar allí en ese momento. Hubo un breve espacio en el que dude si lo que hacia era correcto, volvieron con inusitada fortaleza a mi mente cada una de las lecciones de moral que en el discurrir de mis años había recibido. Pero al finalizar la ducha me di cuenta de que al fin y al cabo nada de eso importaba, que yo estaba justamente en el lugar que quería estar con el hombre que amaba y que se fueran al carajo todos esos complejos de santa que hasta el momento albergue. Yo iba a vivir tal y como mi conciencia y mi mente me dijesen y no como algunas otras personas opinaran. Tome un hondo suspiro y salí del baño con la actitud de quien va a reunirse con su destino.

3. Mientras tanto sus manos recorren con vehemencia los contornos de mi cuerpo, su boca se posa en mi cuello y traza un trayecto lineal pasando por mi pecho hasta mi ombligo y aun mas abajo hacia ese lugar en el que hasta el momento nadie se había acercado. Su lengua roza el contorno superior de mi pubis y creo desfallecer ( recuerden que me había hecho una depilación brasileña ) de lo sensible que estaba en ese punto de mi femenino ser. Su nariz absorbe mi olor y me parece el gesto mas erótico que ojos algunos hayan visto. No sentí ni vergüenza ni nada, solo un inefable placer que me hacia gemir sin intermisión. Sus labios se apoderaron de mi ser y ya no pude pensar mas. Su lengua recorría mis pliegues, saboreaba mis fluidos y mis manos mientras estaban sobre su cabeza acariciándolo y a la vez urgiéndolo a que no parase ese el placentero tratamiento que me infligía. Hasta que por fin supe lo que era un orgasmo, lo que significaba que tu ser se fraccionara en miles de pequeñas porciones y luego se volvieran unir, encajando una en las otras como si fuese un rompecabezas. Sentía como mi cuerpo se contorsionaba causa de los temblores y lo abrace. El se recostó junto a mi y me beso. Su sabor y el mío se entremezclaban resultando, pecaminoso, embriagante como un néctar alucinógeno.

4. Me entretuve un rato en tu entrepierna tocando tu coño por encima de tu tanga, pero tu con una de tus manos mientras yo acariciaba tu coño retiraste hacia un lado el tanga para que pudiera disfrutar de todas del amor que se desprendía de tu entrepierna, al sentir esa humedad y comprobar que querías que te tocase ahí y de esa forma empecé a bajarte los pantalones, que con tu ayuda resultó ser mas fácil y rápido, cuando dejaste al descubierto tal maravilla no pude contenerme y bajé mi cabeza hasta tu coño para poder saborear el amor que fluía del coño mas hermosa que había visto, empecé por besarlo pero pronto de besarlo y comencé a lamer los labios vaginales, hasta encontrar tu clítoris, la sensación fue tan agradable comprobar que cada vez que pasaba mi lengua Por él, tú te estremecías de placer, que mi estado era de éxtasis total, combinaba el lamer tu clítoris con leves mordisquitos en él, a la vez que introducía uno o dos dedos en la vagina. Cuando hacia esto podía escuchar tus gemidos de placer, gemidos que me seguían estremeciendo.