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Relax con escorts y acompañantes de lujo

Soy Mireia, una catalana exclusiva destinada a caballeros que sepan apreciar el buen gusto. Modelo y azafata, profesión que combino con servicios de escort de alto nivel. De gran belleza, suave piel muy bien cuidada, un cuerpo estilizado y extremadamente sensual, me convierten en la chica ideal. Educada, con un buen nivel cultural y conocedora de las normas del protocolo me convierten en la acompañante de lujo perfecta para cualquier evento social, viaje de negocios o velada íntima. Aprecio la buena comida, una vida envuelta de sonrisas y trato cada una de mis relaciones con mucha intensidad y erotismo, siempre a la altura de cada momento y situación.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Entro en la habitación, ésa que decoraste especialmente para nuestros apasionados encuentros, con telas de color rojo, tanto en las cortinas como en la ropa de cama e incluso vistiendo las paredes de telas de raso rojas. Tú me sigues, abro el balcón y salgo para observar la luna, apoyada sobre la baranda elevo mis ojos al cielo. Te acercas a mí, me abrazas por detrás, pegas tu cuerpo al mío y noto tu sexo erecto sobre mi culo. Siento tu boca sobre mi nuca, la besas suavemente y mi cuerpo se estremece. Ninguno de los dos dice nada, los sentidos, los gestos, hablan por nosotros. La luna nos observa desde su azul firmamento. Tus manos se posan sobre mis caderas, las acaricias con suavidad, mientras sigues besando mi cuello, en un dulce camino hasta mi hombro derecho, que muerdes suavemente, mientras tus manos acarician mi vientre y suben la falda del vestido, para acariciar mis muslos apaciblemente.

2. Nos abrazamos fuertemente mientras me recostaba sobre la mesa, a la vez que volcaba las copas y el tipo del bar se iba, bajaron las luces y todo fue besos, caricias, quejidos, susurros de esos que te hacen temblar y, mi cuello, pobrecito del..... recibía los mejores besos que jamás a recibido. Mis senos, calientes de tantas caricias, salieron de mi sostén blanco tal cual fueran alimentar un bebe, y él, tiernamente, poso esos exquisitos labios en ellos, mientras una de sus manos se colaba bajo mi falda buscando mi secreto, ese que luego recibiría todo el fuego de aquel tipo desconocido. Después de aquel encuentro furtivo, y de tener sexo en un bar solo para nosotros dos, jamás volví a estar con él, ni siquiera supe su nombre, solo me quedo el lindo recuerdo de un macho riquísimo que me amó como si hubiera estado guardando esa pasión para mí durante mucho tiempo y al cual, mientras gemía disfrutando de tanto placer en medio de un desenfrenado mete y saca, desnudos sobre una mesa, mirándonos lujuriosamente, llamé Víctor.

3. Mirando a través del escaparate vio a Marisa cruzar la acera en dirección a ella y pensó, por un momento, que no estaría mal que un coche pasara por encima de ella, dejándole el camino libre con Raúl. A pesar de lo que habían hablado en el hospital el joven y ella, no estaba nada convencida con lo que él le dijo, y quería a toda costa acabar a su lado, si cabe, ahora más que nunca. Y ya no pensaba ser ella la que siempre sufriera. Durante el tiempo que había estado en cama, se había dado cuenta de que nadie mostraba sinceridad al hablar con ella en el hospital, sólo sus padres. Ni las vecinas, ni las compañeras del instituto que la conocían de toda la vida. Nadie. Todos la miraban como a un bicho raro, una incomprendida, algo inferior, enfermo, despreciable, y pensó, por una vez, en su felicidad, y no en lo que pudieran pensar los demás al verla hacer las cosas. La chica tímida y vergonzosa se había transformado en la chica fría y egoísta.

4. Tu boca fue recorriendo una línea invisible, guiándote hasta mis labios húmedos deseosos de ser besados. Tu lengua ardiente jugueteaba en mi botón, mi cuerpo se excitaba provocando que mis ojos se cerraran y disfrutaran de aquellas deliciosas sensaciones. Tu lengua iba y venia adentrándose en mi; bebías y saboreabas mis líquidos, deleitándote con mi miel. Besaste mis muslos, mis rodillas, recorriste mis piernas completamente. Me diste la vuelta y quedando de espaldas a ti, recorriste mi cuello con tus labios. Mis oídos descubrieron sensaciones nuevas, llegando a un clímax inexplicable. Tu sexo crecía más y más al roce de mi piel. Voltee a ti y mis brazos y piernas te rodearon recibiéndote en un apasionado abrazo. Sentí la frescura de la tierra y la incandescencia de tu piel mientras tu espada lentamente fue incrustándose quedando aprisionado en mi deseo.