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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. En ese preciso instante te di la espalda y fui bajando poco a poco el cierre de mi vestido mientras oía el clic del obturador. Mi espalda se reveló ante ti y lentamente dando la media vuelta mire fijamente a la cámara como si viera directamente a tus propios ojos. Los tirantes de mi vestido fueron deslizándose por mis hombros mientras mi mano le sostenía y de manera un tanto provocativa, fui soltándolo hasta que este cayó en medio de las flores. Y entre aquellas flores, solo la naturaleza y tú fueron testigos de mi desnudez.Fui dejándome guiar por ti, descubriendo mi talento de modelaje. Sentía una seductora emoción al saber que mi cuerpo quedaría plasmado para siempre y que tal vez hasta en una de tus exposiciones pudiera llegar a encontrarme.

2. Me empujó para dejarme boca arriba. Se sentó sobre mí, dejando su culo contra mi boca. Agarró con su boca mi miembro y empezó a lamerlo. Introdujo el glande mientras con la mano me masturbaba. Yo tenía su ano frente a mí, pasaba mi lengua entre el final de sus labios mayores y su precioso agujero, iba y venía con mi lengua, metí un dedo en su culito y noté como se contraía. –Por favor no, sólo con la lengua.- le hice caso, para mi primaba su disfrute. Me olvidé de mis dedos y use mi lengua para acariciarlo. Ella me estaba proporcionado un placer inmenso. Notada como su pelo caía sobre mis piernas alrededor de su cabeza que estaba hundida sobre mi pene erecto. Al poco se levantó y alejó su culo de mi cara mientras decía: -Penétrame.- Dicho esto se sentó sobre mí, dándome la espalda, clavándome en su ser. Su vagina se amoldaba a mi miembro. Lo envolvía dándole cobijo y protección, haciendo que mis piernas empezaran a temblar de placer. Cabalgó sobre mí, notaba como sus músculos se tensaban. Se movía con rapidez moviendo su cadera mientras yo lo único que hacía era intentar concentrarme para no venirme. Mientras le acariciaba sus pies que habían quedado a ambos lados de mi, los sujeté fuerte y los apreté. Me estaba llegando un torrente de placer y no era el único. Su vagina se aferraba con numerosas contracciones que delataban que ambos estábamos en un orgasmo conjunto. Me vacié dentro de ella, la habitación olía a sexo.

3. Así que Mónica no llevaba ropa interior. No era algo inusual en ella, incluso antes de iniciar su relación con Marcos ya lo había probado en diversas ocasiones. Le gustaba sentirse liberada de esas pequeñas prendas, aunque también sabía usarlas con enorme conocimiento cuando la ocasión lo requería. Al levantarse aquella mañana de la cama, junto a su novio, Mónica se duchó y se dispuso a escoger la ropa que se pondría aquel día. Empezando con el morbo habitual entre ellos dos, le preguntó a Marcos, en un tono socarrón, que deseaba que se pusiera para vestirse. Él, acostumbrado ya a estas preguntas, le respondió desde el baño que no era necesario que se pusiera nada. Se refería a la ropa interior, por supuesto. Mónica, ni corta ni perezosa, le hizo caso, y se vistió tal como se encontraba en esos momentos en unos grandes almacenes.

4. Mientras tanto sus manos recorren con vehemencia los contornos de mi cuerpo, su boca se posa en mi cuello y traza un trayecto lineal pasando por mi pecho hasta mi ombligo y aun mas abajo hacia ese lugar en el que hasta el momento nadie se había acercado. Su lengua roza el contorno superior de mi pubis y creo desfallecer ( recuerden que me había hecho una depilación brasileña ) de lo sensible que estaba en ese punto de mi femenino ser. Su nariz absorbe mi olor y me parece el gesto mas erótico que ojos algunos hayan visto. No sentí ni vergüenza ni nada, solo un inefable placer que me hacia gemir sin intermisión. Sus labios se apoderaron de mi ser y ya no pude pensar mas. Su lengua recorría mis pliegues, saboreaba mis fluidos y mis manos mientras estaban sobre su cabeza acariciándolo y a la vez urgiéndolo a que no parase ese el placentero tratamiento que me infligía. Hasta que por fin supe lo que era un orgasmo, lo que significaba que tu ser se fraccionara en miles de pequeñas porciones y luego se volvieran unir, encajando una en las otras como si fuese un rompecabezas. Sentía como mi cuerpo se contorsionaba causa de los temblores y lo abrace. El se recostó junto a mi y me beso. Su sabor y el mío se entremezclaban resultando, pecaminoso, embriagante como un néctar alucinógeno.