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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Hubo un tiempo, unos años atrás, que ella dudaba respecto a su forma de vestir, y optó por la informalidad, por la mediocridad, por no querer llamar la atención. Le asqueaba, en ese período, que un hombre desconocido pudiera tener pensamientos impuros con ella por el simple hecho de verle más campo de piel desnuda. Pero eso ya quedó atrás, ya no se preocupaba por ello, ahora todo resultaba un juego más, un juego de pareja. A ella le encantaba sentirse observada, teniendo la confianza de su novio; él adoraba jugar de ese modo junto a Mónica, sabiendo con seguridad que ella le era totalmente fiel. Habían llegado a un punto de la relación que no había secretos entre ambos, no había lugar a ello, la confianza era total, y si alguna vez sucediera algo, se lo contarían enseguida.

2. En ese momento me sentí algo turbada; me encontraba desnuda en medio de ese florido campo sin saber si cubrirme o reírme. Tomaste el cobertor del suelo, sacudiéndolo, y pasándolo por encima de mí, me cubriste. Allá a lo lejos, el cielo pintaba colores y entre el azul y gris alumbraba el rojizo sol y jirones de nubes cubrían el firmamento.Tus ojos se toparon con los míos, solo se oía el rumor del viento, y tu boca suavemente llego a la mía mientras tus brazos lentamente me envolvían. Me acercabas tanto a ti, que podía sentir el palpitar de tu corazón, discretamente la manta fue cayendo sobre la tierra fresca del campo y pude sentir tus caricias sobre mi piel. Me rozabas sutilmente, sin prisas, me apretabas a ti, tratando de entibiar mi cuerpo con el tuyo, entre tanto tus besos me robaban suspiros.

3. Mónica, ese día, le sorprendió muy gratamente. Llevaba puesto un vestido totalmente negro, muy elegante, de una sola pieza, que le cubría casi la totalidad de su cuerpo, exceptuando sus sensuales pies y un incansable y siempre sugerente escote. Si figura y la sinuosidad de sus curvas se apreciaban mejor que nunca, aunque, eso sí, bajo un tela fina negra. Mónica estaba radiante, hermosa. Marcos, a su lado, tuvo la sensación que debía cuidarse y arreglarse más, aunque se trataba de un chico guapo, simpático, y con un encanto especial. Se sentaron en la zona céntrica del restaurante. Estaban rodeados por otras parejas que deseaban pasar una velada romántica en ese distinguido restaurante. Pidieron lo que iban a tomar, y empezaron a hablar de sus cosas, a veces de forma caótica, yendo de un tema a otro, pero siempre terminaban la charla recordando lo mucho que se querían. Comieron con entusiasmo el primer y el segundo plato, y justo cuando habían pedido los postres, Mónica se disculpó y se dirigió al baño.

4. Me sigue sorprendido, preguntándose que estaré tramando. Entramos en la tienda y al pasar junto a un colgador de ropa cojo una prenda y sin vacilar me encamino hacía el vestuario seguida de él. Le miro, me sonríe, sé que sabe lo que estoy planeando. Nos metemos en el vestidor, dejó la prenda que he cogido colgada y él se sienta en el único taburete que hay en el pequeño cubículo. Me siento sobre él y empezamos a besarnos. De nuevo muevo mi sexo sobre el suyo, que en pocos minutos vuelve a estar erecto, noto como crece entre su cuerpo y el mío. Sus manos recorren mi espalda y me subo la falda hasta la pelvis para estar más cómoda. Siento como sus manos aprietan mi culo. Y entonces el deseo crece más en mí. Hacerlo en un lugar público me pone a mil y sé que a él también. Deslizo mis manos hacía su entrepierna y le bajo la cremallera del pantalón. Busco bajo el slip su aparato, mientras sus dedos se han adentrado ya entre mis braguitas y buscan mi sexo. Me estremezco al sentir como acaricia mis labios vaginales y como resigue el camino hacía mi clítoris. Entretanto he logrado sacar su pene del refugio y lo masajeo suavemente arriba y abajo sin dejar de besar su boca.