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Soy Amanda, una modelo impresionante con la que ahora puedes compartir sábanas, caricias y mucha pasión. Preciosa, con una cara tan bonita que es difícil no mirarla y unos ojos verdes que causan sensación. Alta y esbelta, un cuerpo diseñado para convertirse en obra de arte, formas perfectas y suavizadas con una piel que es una "delicatessen" para el tacto. Puedes deleitarte con mis fotos o llamarme y conocerme. Así podrás ver mi dulce carita y comprobar el tacto de mi piel ... como soy una señorita no entraré en intimidades pero si te puedo decir que disfrutarás muchísimo.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Subes a mi habitación, ya sabes el camino, te miras en el espejo del primer descanso, aseguras que todo este en su lugar, el maquillaje, tu peinado, las ropas que llevas puestas. Pienso para mí: agradezco la gentileza de venir tan bella hoy, me siento culpable de saber que tendré que descomponerlo. Una vez en la alcoba, mis manos te toman por la cintura, acercan tu cuerpo al mío, me gusta sentir tu piel, oler tu cabello, acariciar suavemente tus mejillas las cuales comienzan a sonrojarse. Una sonrisa sale de tu boca, esa mirada me hipnotiza, no me cansaría nunca de perderme en ella. Te beso apenas rozando tu labios, mordisqueo un poco tu barbilla, recorro el contorno de tu rostro con mi dedos hasta donde nace tu cabello y voy de vuelta. Beso tu cuello hasta al pabellón de tu oreja, mi lengua lame, se introduce, inquieta y atrevida.

2. En ese momento sublime increíblemente solo acerté a preguntarle que por que aun estaba vestido. El se solo rió, seguro pensó que comentario mas inapropiado para ese justo instante. Yo también me reí mientras lo veía levantarse de la cama y quitarse la ropa. Quede transfigurada al observar por vez primera su cuerpo desnudo y demudada al ver que tan firme y excitado se encontraba. Ciertamente había sentido su erección en ocasiones anteriores pero nunca lo había visto de esa forma y fue en ese momento que mi amigo, mi compañero, mi cómplice se convirtió en un hombre ante mis ojos. Se acerco a mi y se tumbo a mi lado en la cama. Debo admitir que al principio me encontraba un poco asustada. Aun después de lo que acababa de pasar no es lo mismo ver a un hombre vestido que sin ropa, me sentía extraña de estarnos abrazando así piel con piel sin nada entre nosotros. Rápidamente me acostumbre a sentir su tacto. Acaricie sus brazos, palpe los bellos que los cubren y que siempre me han fascinado, ascendí por sus hombros mientras me sentaba sobre el con mi pubis presionando el suyo.

3. Caí rendida ante ti, reuniéndose dulcemente nuestros cuerpos. El momento era perfecto, las flores, ese cielo repleto de estrellas, la luna inundándonos de fosforescencias, el aire cálido y suave rodeándonos, tu cuerpo y el mío, aun entretejidos. Cerré los ojos y sin darme cuenta, me perdí en la oscuridad. ¡Desperté sobresaltada en la madrugada y tú no estabas a mi lado! Tristemente me di cuenta que solo había sido un sueño, no obstante tu estabas por llegar, así que apresuradamente me vestí, con la esperanza de que mi sueño se hiciera realidad, y quizá... ¡Yo ayudaría a que eso pasara!

4. Llegamos a la recepción del hotel, pedimos las llaves de su habitación porque era la que quedaba más cerca. Volamos por las escaleras con tal de no esperar el ascensor, al fin y al cabo era la primera planta. Entrar por la puerta y fundirnos en un abrazo y beso apasionado fue todo uno. La cogí entre mis brazos y me la llevé hasta la cama, allí la tumbé quedándome yo al final del lecho. Levantó las piernas ofreciéndome un pie, lo cogí y acerqué mis labios. Respiré y me vino un imperceptible aroma fresco procedente de ellos. Besé brevemente los pies pasando a meter sus dedos en mi boca. Lamí todos y cada uno de sus diez deditos, los tuve en mi boca el tiempo que quise mientras observaba la cara de satisfacción que tenía Laura. Empecé a subir por el empeine muy lentamente recorriendo con mi lengua cada recoveco de su piel, llegué a su muslo interior pasando por su rodilla. Ella estaba abierta de piernas con las rodillas dobladas y yo tenía mi boca junto a su ingle, podía oler su sexo a escasos centímetros. Subí mi cabeza para ver su cara y buscar su consentimiento. Ella se terminó de subir la falda que estaba ya casi subida y levantó la cadera invitándome a quitarle las preciosas braguitas negras que llevaba. Se las quité poco a poco, deleitándome en la visión su pubis, no se depilaba pero tenía su coñito arreglado perfectamente. Le bajé hasta los tobillos y sacó uno de los pies para poder abrir las piernas. Nada más hacerlo me abalancé con ansia sobre su vagina. Chupé con voracidad sus labios mayores buscando con mi lengua la entrada de la vagina. Ella de mientras se quitó la parte de arriba quedando completamente desnuda, yo lo intentaba pero con mi cara hundida entre sus piernas no podía apenas quitarme una sola prenda. Casi me asfixiaba pero me moría de placer, solo escuchar como suspiraba Laura me llevaba a empujar mi lengua lo más dentro posible, separé mi cara para tomar aire y me desnudé como pude.