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Relax con escorts y acompañantes de lujo

Mi nombre es Mireia Exclusive, soy catalana y tengo 34 años. Soy una mujer tierna y cariñosa. Unos preciosos ojos azules y una dulce sonrisa convierten mi rostro en pura serenidad, el refugio perfecto para olvidarse de los problemas. Soy una señorita llena de buenos detalles, que se preocupa por el caballero que la ha escogido y con un carácter que encandila. A mi lado tendrás esa compañía que muchos hombres buscan en una mujer, sensualidad, pasión, distendida conversación y mucha complicidad. Me considero elegante y atractiva, inquieta por la cultura, en continua formación académica y siempre buscando ser mejor persona cada día. Aspectos como estos hacen de mí la acompañante ideal para veladas, viajes, escapadas y cualquier tipo de evento. Te ofrezco una compañía de lujo, en la que el sexo forma parte fundamental, pero no única, de una relación que te dejará huella.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Entro en la habitación, ésa que decoraste especialmente para nuestros apasionados encuentros, con telas de color rojo, tanto en las cortinas como en la ropa de cama e incluso vistiendo las paredes de telas de raso rojas. Tú me sigues, abro el balcón y salgo para observar la luna, apoyada sobre la baranda elevo mis ojos al cielo. Te acercas a mí, me abrazas por detrás, pegas tu cuerpo al mío y noto tu sexo erecto sobre mi culo. Siento tu boca sobre mi nuca, la besas suavemente y mi cuerpo se estremece. Ninguno de los dos dice nada, los sentidos, los gestos, hablan por nosotros. La luna nos observa desde su azul firmamento. Tus manos se posan sobre mis caderas, las acaricias con suavidad, mientras sigues besando mi cuello, en un dulce camino hasta mi hombro derecho, que muerdes suavemente, mientras tus manos acarician mi vientre y suben la falda del vestido, para acariciar mis muslos apaciblemente.

2. En la parte superior llevaba una sencilla pero gustosa camiseta de tirantes, que dejaba a la vista de todas las miradas su ombligo, y la estrechez de la misma hacía a su vez de sujetador de unos pechos excepcionalmente sugerentes, generosos en su tamaño, y sensualmente voluptuosos. Su pelo, de un negro intenso, era largo y liso, cayéndole por sus hombros y su menuda espalda, y era inusitadamente suave, tal como se podía apreciar al menor movimiento de su cabeza. Su cuerpo era excepcional, quizá no mejor que el de muchas otras chicas que se creían en inferioridad, pero sabía como realzarlo y como sacar el máximo partido a sus curvas. Resultaba enormemente provocativa, simplemente con verla a lo lejos, y ella era plenamente consciente que su cuerpo era objeto de deseo sexual para la mayoría de los hombres con que se cruzaba.

3. Te exigí que entraras en mi, formar un solo ser, llegar a la mas profunda unión de dos seres, mis labios inflamados estaban dispuestos a recibirte, sentí tu sexo duro, palpitante entrar poco a poco, llenar completamente mi espacio; tu cadera y la mía danzaron al mismo compás, mientras recorrías con tus manos cada pliegue de mi piel, el vaivén iba creciendo mas y mas a cada segundo, eras dueño del momento, cabalgabas lujurioso mi cuerpo y buscaste la manera de satisfacer mis anhelos inventando piruetas. Cerré mis ojos y concentre todo mi pensamiento en las sensaciones que estaban a punto de estallar, de repente nuestros cuerpos llegaron al espasmo, temblando involuntariamente, tu cuerpo lánguidamente cayo entre mis brazos, te estreche fuertemente tratando de fundir tu cuerpo al mío, disfrutando cada instante de ese dulce regalo, bese tu cara, tu sudor se mezclo al mío y por fin pude preguntar: ¿Cómo te llamas?

4. Por fin, mi boca se fundió ávidamente a los pulposos labios, batiéndome entre la repulsión y un impulso innato, en un beso intenso y febril, y mi lengua buscó la suya; mas no encontré tal. Hurgando hasta lo más profundo, no había dientes. Una lengüita pequeñita, en una comisura de la boca, se paseaba al vaivén de la mía. Mi saliva entremezclada con la suya viscosa, saboreaba el agridulce torrente fluyendo de su inconmensurable profundidad. Fuertes columnas hercúleas, de brazos cual molinos de viento se agitaban y se engarzaban fuertes a mi cráneo; con ayuda de ellos, aquella boca no consentía dejar huir a su presa. En furor intenso y agitación constante, quería engullirme por completo. Me fatigué de besarla, ciertos vellos de sus labios picaban mis carrillos; la boca no pudo succionarme, y sus fuertes extremidades me liberaron exhaustos. Así permanecí segundos observándola, sus gruesos labios ahora henchidos por el fragor, permanecían palpitantes; balbuceando algo. No pude evitar en esos momentos, recordar al negro del saxofón con sus nauseabundos labios de secreción hedionda y verdosa; fuertes espasmos estomacales deseaban explotar fuera de mí. En medio de la intensa oscuridad de la noche, elevé mi vista hasta la cumbre de la majestuosa montaña, y escalando trémulo hacia ella, vi el fulgor de la mañana de un sol radiante; era el rostro del ángel, y dos resplandores en su rostro iluminándome, una nariz pequeñita, y los labios de grana entreabiertos…y me fundí con ella; penetrando sus entrañas entre baladros de pasión.