Contactos Bilbao

Relax con escorts y acompañantes de lujo

Soy Arianda, una bonita y sensual escort, mimosa y dulce que te costará olvidar. Mis manos pueden relajarte ofreciéndote exquisitos masajes terapéuticos y sensitivos. Mis caricias transportarán a tu cuerpo a un estado de placer y embriaguez cautivando tus cinco sentidos. Te encantará perderte por mi cuerpo, mis curvas, mi piel y disfrutarás de una amante juguetona e incansable que saciará tu deseo carnal. No desearás que nuestra velada se acabe. También me desplazo a Girona o a cualquier ciudad de la Costa Brava por una tarifa mínima de 500 euros.

Si te gusta mi perfil o prefieres buscar más escorts en Bilbao, puedes encontrar en mi anuncio muchas más chicas de compañía. Te garantizo exquisitos contactos en Bilbao.

Pincha aquí para ver mi web con fotos

Contactos Bilbao

Masajes eróticos y sexo

Servicios publicados

Estos son algunos de los servicios que publicamos: Servicios aleatorios Clubes de relax - Anuncios de sexo - Scorts de alto standing - Sado erótico - Acompañantes de lujo - Escorts independientes - Damas compañía - Putas a domicilio - Callgirls - Putas de lujo - Casas relax - Tantra - Azafatas - Chicas de compañía - Apartamentos por horas - Chicas de alterne - Contactos eróticos - Clubs de alterne - Agencias de escorts - Señoritas de compañía - Prostíbulos - Saunas eróticas - Prostitutas de lujo - Call girls - Burdeles - Salidas a hoteles y domicilios - Locales de intercambio - BDSM - Pisos de relax - Modelos - Masajes eroticos -

Te recomendados

Aquí tienes diferentes locales donde puedes asistir: Clubs aleatorios Alexia - Club Riviera Castelldefels - La Estrella - Baronet - Casanova 59 - Hot Madrid - Comendadoras - New Aribau - Azul - Charlie Club - Aribau 64 - Nice - La vie en Rose - Basinger - Bailen 22 - Paraíso Privee - Agencia Sexy Nights - Club Free - Casanova59 - Club Romaní - Showgirls - Cuore Cabaret - O´Dely - Club Starlets - Habana

Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Yadira se despojó de la armadura, ignorando el lacerante dolor de una herida reciente en el costado, apartó los suaves pantalones de cuero blando a un lado y por último, se desprendió de la camisa. Ya desnuda se metió en la bañera de agua caliente que acababan de prepararle. Su cuerpo estaba perfectamente contorneado por los largos años de ejercicio militar, su brazo era poderoso con la espada pero reflejaba una salvaje belleza femenina, al igual que el resto de su anatomía. Era una mujer de piel tostada y suave, marcada por alguna que otra cicatriz finísima que en nada afeaba su aspecto, voluptuosa, de oscuros cabellos que caían en cascadas rizadas sobre sus hombros y unos intensos ojos grises, más fríos que agujas de hielo, pero salvajes y hermosos a la vez. Yadira se había hecho con el control de medio país gracias a su fuerza y a que era una gran estratega, sin embargo, esta vez, la victoria no era suya, al menos no del todo.

2. No tardé tampoco en meter mi mano por debajo de tu pantalón y de tu tanga para tocar tu culo sabrosón como diría un sudamericano, no me corté en hacerlo, en enredar mis dedos en tu tanga para apretarlo suavemente contra tu coño, noté una reacción y creo que agradable al sentir que algo se introducía entre tus labios vaginales, seguí así un ratito apretando mi mano contra tu culo y tarando suavemente del tanga. Ya no aguante mas y dejé de acariciar tus pechos y me decidí por llevar mi mano a tu entrepierna, apretándola contra el pantalón para sentir la calentura que tenias en tu coño, al notar esa calentura, no tuve mas que hacer todo lo que pudiera por aliviarla, abrí tu bragueta y metí mi mano dentro viendo en tu cara un gesto de satisfacción que aunque profundo no llegó a producirte ningún gemido, que al poco de introducir mi mano en tu coño no tardarías en producir.

3. Después de la tormenta siguió la calma y nos encontramos sumergidos en un sopor delicioso, disfrutamos de esa tranquilidad al máximo, observando cada línea de nuestro rostro, cada cabello, cada espacio entre los dos. Al cabo de un tiempo te acercaste a mi y susurraste en mi oído - "Quiero besarte", suavemente te inclinaste y juntaste tus labios a los míos, ansiosamente los abrí y sentí tu lengua caliente jugar con la mía para después separarte lentamente y recorrer mansamente mi cuello y mis brazos con tus besos, regresaste nuevamente hasta mi pecho y creaste nuevas sendas entre ellos, bajando poco a poco hasta mi vientre mientras tus manos apretaban mis caderas, la sensación de placer iba en aumento, hasta que por fin llegaste a mi vulva, frotaste tu rostro en el vértice de mi entrepierna e inhalaste profundamente mis olores hasta embriagarte, tu lengua anido en mi pubis y jugaste dulcemente con el, suavemente lo succionabas y lo mordías, mi cuerpo se contraía, se estiraba, hasta llegar al punto de apresar tu rostro entre mis piernas y mis líquidos salieron desbocados hacia ti.

4. Estuve un rato tomando el sol boca arriba, cuando me aburrí de esa postura me di la vuelta, ella seguía leyendo, me armé de valor y le dije: -Un libro muy interesante, una autentica obra maestra.- Giró su cabeza y me miró a los ojos. Con una calida voz suave me respondió: -Sí es muy interesante, la verdad es que se agradece tener un libro entre manos cuando se pasa tanto tiempo sola de aquí para allá.- Le pregunté que como es que pasaba tanto tiempo sola y me respondió que se debía a que trabajaba como ejecutiva de una multinacional y se pasaba el día de viaje. Poco a poco la conversación se fue animando. Me dijo que se llamaba Laura. Mientras hablábamos no podía evitar que mi mirada se dirigiera de continuo a sus pies, eran preciosos. Nos levantamos y nos dirigimos al bar de la piscina. Seguimos nuestra conversación, ella se dio cuenta de que me fijaba en sus pies. En un momento dado me miró a los ojos fijamente y cruzó las piernas sobre la banqueta del bar de tal manera que su pie descalzo pegaba sobre mi muslo interior. Seguí la conversación como si nada, intentando evitar su mirada porque me dejaba el alma congelada. Estuvimos toda la tarde hablando, cogimos confianza. Nos caímos tan bien que decidimos quedar para ir a cenar por la noche. Le dije que iríamos a un restaurante que conocía de cuando tenía reuniones de negocios, era del estilo de la nueva cocina, pertenecía a un destacado alumno de la escuela de Ferrán Adriá. Quedamos a las nueve y cada uno se retiró a su habitación a ducharse y vestirse.