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Hola, mi nombre es Daniela Saint y soy una chica de piel morena y unos carnosos labios que reparten unos excitantes besos y dejarán una inolvidable huella en tu piel ... me gusta el sexo, adoro que me acaricien mis grandes pechos, que recorran mi piel y lleguen hasta mi entrepierna, conquistando mi cálido tesoro.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Mientras tanto mis manos descubren tu piel, cae la primera prenda. Tus hombros quedan descubiertos, una pequeña blusa cubre el resto. Sabes como me gusta tocarte por encima de la ropa, más aún cuando revelan tu figura. Esos hermosos pechos tuyos se yerguen hacía mi, los toco con la yema de los dedos definiendo su volumen. Te coloco de espalda a mi, beso con ansia tus hombros y la superficie de tu piel descubierta bajo tu cabello. Te abrazo bajo la ropa, te estremeces entonces. Me besas, extendiendo la abertura de tu boca, te entregas a mí en ese beso apasionado. Me descubres el torso al tiempo que tus manos recorren mi pecho, bajas por mi espalda hasta ubicar tu manos sobre mis caderas, las oprimes contra tu sexo, deseas sentir el mío excitado entre tus piernas. Sabes que estoy listo.

2. Hacia la pista nos fuimos otra vez y comenzamos a bailar el lento juntos, no se, pero en ese momento sentí algo muy fuerte, como que me estaba poniendo romántico ;si, con mi hermana!!, me daba miedo lo que me estaba pasando pero al mismo tiempo me sentía como pocas veces me habia sentido con una chica, entonces la agarre de la cintura y bailamos. De repente mi cabeza se convirtio en un torbellino de sentimientos encontrados, a esa altura comenzaba a perder control sobre mis actos y mis sensaciones de temor por la situación le dejaba paso al impulso del momento. Mi pensamiento definitivamente empezó a girar en torno a mi hermana y a lo exitante que seria poder hacer el amor con ella. Ya se me hacia imposible dejar de desearla y de observar disimuladamente cada centimetro de su cuerpo. Estaba que volaba!... por un lado, en ese momento sentia una atracción fisica por ella que jamas hubiese imaginado y por otro la amaba como no amaba a nadie mas sobre la faz de la tierra, agustina siempre lo fue todo para mi y siempre hubo un lazo muy fuerte entre nosotros, pero nunca antes se me habia cruzado por la cabeza el hecho de amarla de otra forma que como simples hermanos, algo inquietante estaba ocurriendo en mi.

3. Cuando dejo de convulsionarme, me coges en brazos, entramos en la habitación y me depositas en la cama. Te desnudas mientras te observo. Me encanta ver como te desvistes para mí, lo haces despacio, demorando el momento, haciendo que me impaciente, hasta que por fin tu sexo erecto, aparece ante mí y acerco mi boca a él para venerarlo, sentándome en el borde de la cama. Tú estás de pie frente a mí, acaricias mi mejilla y yo abro la boca, la cierro sobre tu miembro erecto y empiezo a chuparlo con mucha delicadeza. Me encanta deleitarme en su sabor, sentir como resbala por mi boca, entrando y saliendo de ella, sentir la suavidad de tu piel y el calor. Muevo la lengua serpenteando alrededor de tu miembro viril, acaricio su piel con los dientes. Tus manos se posan sobre mi cabeza, deshacen el moño que me hice antes de salir y dejas caer mi pelo largo y liso sobre mis hombros, enredas tus dedos en él y diriges los movimientos. Te observo, tus ojos están cerrados, sé que estas disfrutando, que te encanta sentir mi boca caliente y húmeda alrededor de tu sexo. Y a mí me encanta saborearlo. Cada vez gimes más fuerte, por lo que haces que me detenga, me acuestas sobre la cama. Te arrodillas frente a mí, separas mis piernas, coges las braguitas por la goma y tiras hacía abajo, quitándomelas con lentitud, mientras besas mis piernas sensualmente. Dejas las bragas a un lado y asciendes beso a beso por mi pierna derecha hasta la ingle, luego repites la operación con la izquierda, yo te miro expectante, y tras eso, acercas tu boca a mi sexo, sacas la lengua y lames. Mi cuerpo se tensa al sentir ese contacto y empiezas a chupar mi clítoris, a lamerlo, a idolatrarlo haciéndome retorcer de gusto y deseo. Tu lengua se enreda en mis labios vaginales, se introduce en mi oscuro agujero y un nuevo gemido escapa de mi garganta. Te deseo y sé que me deseas, necesito tenerte dentro de mí, dejar que la luna derrame su luz sobre nuestros cuerpos mientras se une en un baile de pasión. Por eso, no demoras más el momento. Te levantas, te pones sobre mí, me miras a los ojos profundamente, sonríes y siento como tu sexo entra en el mío despacio, con calma, hasta llenarme completamente. Y nos quedamos así, unidos unos segundos, quietos, mirándonos, sin decirnos nada. Sólo sintiendo el calor de nuestros cuerpos.

4. Me sigue sorprendido, preguntándose que estaré tramando. Entramos en la tienda y al pasar junto a un colgador de ropa cojo una prenda y sin vacilar me encamino hacía el vestuario seguida de él. Le miro, me sonríe, sé que sabe lo que estoy planeando. Nos metemos en el vestidor, dejó la prenda que he cogido colgada y él se sienta en el único taburete que hay en el pequeño cubículo. Me siento sobre él y empezamos a besarnos. De nuevo muevo mi sexo sobre el suyo, que en pocos minutos vuelve a estar erecto, noto como crece entre su cuerpo y el mío. Sus manos recorren mi espalda y me subo la falda hasta la pelvis para estar más cómoda. Siento como sus manos aprietan mi culo. Y entonces el deseo crece más en mí. Hacerlo en un lugar público me pone a mil y sé que a él también. Deslizo mis manos hacía su entrepierna y le bajo la cremallera del pantalón. Busco bajo el slip su aparato, mientras sus dedos se han adentrado ya entre mis braguitas y buscan mi sexo. Me estremezco al sentir como acaricia mis labios vaginales y como resigue el camino hacía mi clítoris. Entretanto he logrado sacar su pene del refugio y lo masajeo suavemente arriba y abajo sin dejar de besar su boca.