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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Tu cuerpo se tensaba pero no huías, moví mi cadera como tu me haz enseñado, tu verga hervía de emoción, te tome de las caderas y empuje la mía hasta el fondo, yo estaba empapada, mi sueño se convertía en realidad poseerte total y plenamente, acaricie tu espalda, la bese ,apreté tus nalgas, el vaivén iba en aumento, mientras tu removías tu sexo, seguí el compás de tus movimientos, era una locura, mi pasión se desbordaba, mi concha se inundaba sentí el temblor de tu cuerpo y supe que se aproximaba el fin, arremetí con más fuerza hasta ver salir tu leche caliente como un disparo, salí de tu ser lentamente y tu caíste exhausto en la cama, me miraste con un dejo de reproche, pero tu expresión cambio inmediatamente y me brindaste la más bella de tus sonrisas.

2. En ese momento me sentí algo turbada; me encontraba desnuda en medio de ese florido campo sin saber si cubrirme o reírme. Tomaste el cobertor del suelo, sacudiéndolo, y pasándolo por encima de mí, me cubriste. Allá a lo lejos, el cielo pintaba colores y entre el azul y gris alumbraba el rojizo sol y jirones de nubes cubrían el firmamento.Tus ojos se toparon con los míos, solo se oía el rumor del viento, y tu boca suavemente llego a la mía mientras tus brazos lentamente me envolvían. Me acercabas tanto a ti, que podía sentir el palpitar de tu corazón, discretamente la manta fue cayendo sobre la tierra fresca del campo y pude sentir tus caricias sobre mi piel. Me rozabas sutilmente, sin prisas, me apretabas a ti, tratando de entibiar mi cuerpo con el tuyo, entre tanto tus besos me robaban suspiros.

3. Me pego a ti, trato de provocarte, me bajas los tirantes del vestido muy despacio, por mis brazos, luego lo dejas caer al suelo. Recuesto mi cabeza sobre tu hombro, acercas tus labios a los míos y nos besamos. Mis manos se adentran entre tu cuerpo y el mío y toco tu sexo erguido por encima de la tela, esta tieso, erecto. Lo acaricio con suavidad. Te deseo y sé que me deseas, pero nos detenemos en las caricias, en el juego de seducción que envuelve este momento. Tus manos recorren mis brazos hacia mis hombros y luego se acercan a mis senos. Los acaricias por encima del sujetador. Nuestros cuerpos se calientan mutuamente. Metes tus manos entre mi piel y el sujetador, pellizcas mis pezones y todo mi cuerpo se estremece. Entretanto he conseguido bajarte la cremallera del pantalón y he metido la mano dentro, pero tú la sacas con paciencia. Quieres alargar más el juego. Me inclinas sobre la baranda, haciendo que te muestre mi culo y lo acaricias por encima de las braguitas, luego las apartas y acaricias mi sexo, siento tus dedos hurgando en mis labios vaginales, se introducen en mí y un gemido escapa de mi garganta. La luna sigue atenta la escena. Empiezas a mover los dedos, dentro y fuera de mí, provocándome dulces gemidos de placer. Deseo más, mucho más, pero tú me torturas con esas caricias durante un largo espacio de tiempo, el suficiente para conseguir que me corra de placer.

4. Descendí mi cabeza hasta su frente trazando intricados dibujos sobre su piel, su cuello, sus tetillas, su abdomen. Le di la vuelta e hice lo mismo con su espalda, sus nalgas, a las que mordí tal como había imaginado tantas veces. Recorrí la parte interna de sus muslos, su pantorrilla. Sus gemidos me indicaron que estaba a punto de caramelo. Dándole nuevamente la vuelta seguí besando su abdomen y recorriendo con mi lengua cada palmo de piel expuesta hasta llegar a su virilidad. En ese punto levanto mi cara y le miro a los ojos, el me corresponde la mirada urgiéndome a continuar. Le sonrió, desciendo y empiezo un lento y vacilante recorrido por su miembro erecto. Poco a poco voy adquiriendo seguridad al percibir que a el le gusta lo que hago. Continuo hasta la punta y lo introduzco en mi boca. En ese momento el lanza un fuerte suspiro que me motiva a sacarlo y entrarlo en mi boca en incontables ocasiones. Lo recorro, beso, lamo, chupo hasta que el estalla en un inconmensurable orgasmo. Mientras se vertía en mi boca yo me sentía inmensamente satisfecha de provocar en el una emoción comparable con la que momentos antes el provocara en mi.