Azafatas Madrid

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Hola soy Elisabezt, una auténtica belleza española de cuerpo maravilloso, totalmente natural. Es difícil describirme, según dicen soy pasional y espontánea, y dotada de una elegancia natural y saber estar. Me considero una persona educada, con buen nivel cultural y conocedora de las normas de protocolo, lo que me convierte en compañera perfecta para cualquier evento social, viaje de negocios o, sencillamente, para una velada íntima. Me gusta cuidar cada detalle en cada una de mis relaciones, darles intensidad, erotismo y sobre todo, mucha complicidad, para alejarnos de la frialdad y la distancia. Seré capaz de satisfacer todos tus sentidos. Si quieres saber como soy en realidad, solo tienes que conocerme ...

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1. Dejó el bolso en su asiento, que aunque no le gustaba llevarlo, lo creía necesario para llevar su móvil y otras cosas que ella pudiera necesitar en determinadas circunstancias. Marcos no perdió detalle del contoneo del trasero de su novia en ese andar tan gracioso que tenía, pero que tan sumamente excitante resultaba. Pudo apreciar, cuando el paso de una pierna tensaba sensiblemente el vestido, la marca de unas braguitas. Jugó a adivinar de cuáles se podría tratar. Pensó en unas blancas, una de sus favoritas…y imaginó que esa misma noche, cuando llegaran a casa, tendría la oportunidad de sacarle el vestido de los pies a la cabeza, y ver el increíble cuerpo desnudo de Mónica, tapado mínimamente por esas braguitas tan sensuales. Al cabo de casi cinco minutos Mónica salió del baño y se dirigió a reunirse con su pareja. A pesar de lo que llevaba cogido en su puño, no se mostraba dubitativa ni indecisa, muy al contrario, su andar era firme y decidido. Marcos no la vió venir, ensimismado como estaba en sus pensamientos. Mónica se situó a su lado, y antes de que él pudiera reaccionar, ella se inclinó suavemente y le susurró en la oreja un escueto: "Toma, esto es para ti". Al mismo instante que decía estas palabras dejó caer en el regazo de su novio la única prenda íntima que llevaba esa noche. Marcos tardó en reaccionar…lo primero que pensó es que no tendría ya que esperar hasta más tarde para saber que, efectivamente, las braguitas que llevaba eran, ahora ya sin ninguna duda, sus favoritas.

2. "esta noche es toda nuestra hermanito", me decia ella con voz entrecortada por la exitacion del momento. Entonces sin dejar de lamerla por todos lados, me moví a un costado de ella para poder introducirle el dedo pulgar de mi mano en su sexo que derramaba líquidos de dioses, y no sin antes acariciar ese precioso par de piernas que Dios le dio, Le introduje el dedo rápido ya que tenia apuro de lubricarlo con sus jugos para retirárselo lentamente y ahora introducir lentamente el dedo índice y medio en su sexo al mismo tiempo que le acariciaba el culo con el pulgar lubricado de tal manera que después de algunos minutos cuando empezó a acercarse su venida y para ayudarla, le metí el dedo pulgar dentro del culo y al sentirlo, se recargó, tratando de ayudar, dando cabida a ese instrumento de placer. Una ves que le introduje todo el dedo, con los otros dos que todavía estaban afuera, le acaricié el clítoris y para mi placer, sentí como agus se estaba viniendo, gimiendo, tratando de apretar mis dedos con sus piernas y tratando de recibir mi pulgar en lo mas profundo de su vagina, apoyándose únicamente con su mano derecha y con la izquierda obligándome a acercar mi rostro para regalarme el más húmedo de los besos de esa noche. No hace falta aclarar que fue la sensación mas extraña y exitante de toda mi vida, estaba tomando los jugos vaginales de mi propia hermana, estaba loco de amor por ella y estaba dispuesto a estar un año seguido en ese lugar haciendole el amor si hubiese sido posible.

3. Llegamos a la recepción del hotel, pedimos las llaves de su habitación porque era la que quedaba más cerca. Volamos por las escaleras con tal de no esperar el ascensor, al fin y al cabo era la primera planta. Entrar por la puerta y fundirnos en un abrazo y beso apasionado fue todo uno. La cogí entre mis brazos y me la llevé hasta la cama, allí la tumbé quedándome yo al final del lecho. Levantó las piernas ofreciéndome un pie, lo cogí y acerqué mis labios. Respiré y me vino un imperceptible aroma fresco procedente de ellos. Besé brevemente los pies pasando a meter sus dedos en mi boca. Lamí todos y cada uno de sus diez deditos, los tuve en mi boca el tiempo que quise mientras observaba la cara de satisfacción que tenía Laura. Empecé a subir por el empeine muy lentamente recorriendo con mi lengua cada recoveco de su piel, llegué a su muslo interior pasando por su rodilla. Ella estaba abierta de piernas con las rodillas dobladas y yo tenía mi boca junto a su ingle, podía oler su sexo a escasos centímetros. Subí mi cabeza para ver su cara y buscar su consentimiento. Ella se terminó de subir la falda que estaba ya casi subida y levantó la cadera invitándome a quitarle las preciosas braguitas negras que llevaba. Se las quité poco a poco, deleitándome en la visión su pubis, no se depilaba pero tenía su coñito arreglado perfectamente. Le bajé hasta los tobillos y sacó uno de los pies para poder abrir las piernas. Nada más hacerlo me abalancé con ansia sobre su vagina. Chupé con voracidad sus labios mayores buscando con mi lengua la entrada de la vagina. Ella de mientras se quitó la parte de arriba quedando completamente desnuda, yo lo intentaba pero con mi cara hundida entre sus piernas no podía apenas quitarme una sola prenda. Casi me asfixiaba pero me moría de placer, solo escuchar como suspiraba Laura me llevaba a empujar mi lengua lo más dentro posible, separé mi cara para tomar aire y me desnudé como pude.

4. Te empuje hacia atrás, quedando yo al dominio del placer. Tus manos amasaban mi pecho, los colmabas de besos. Apretabas mis nalgas, abriéndolas despacio, metiendo entre ellas tus dedos buscando por donde más penetrarme. Mi cuerpo temblaba, sucumbía de placer y junto con el tuyo, fueron cubriéndose de roció, que al contacto con nuestra piel hervía al instante. La noche empezaba a envolvernos, la luna distante con su manto de estrellas nos envidiaba. Irradiábamos luz propia, encontrándonos al rojo vivo; mi botón al roce con tu pubis estaba listo para explotar. Mis movimientos fueron cada vez más embravecidos, transportándonos al cielo en un instante.