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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Llegamos a la recepción del hotel, pedimos las llaves de su habitación porque era la que quedaba más cerca. Volamos por las escaleras con tal de no esperar el ascensor, al fin y al cabo era la primera planta. Entrar por la puerta y fundirnos en un abrazo y beso apasionado fue todo uno. La cogí entre mis brazos y me la llevé hasta la cama, allí la tumbé quedándome yo al final del lecho. Levantó las piernas ofreciéndome un pie, lo cogí y acerqué mis labios. Respiré y me vino un imperceptible aroma fresco procedente de ellos. Besé brevemente los pies pasando a meter sus dedos en mi boca. Lamí todos y cada uno de sus diez deditos, los tuve en mi boca el tiempo que quise mientras observaba la cara de satisfacción que tenía Laura. Empecé a subir por el empeine muy lentamente recorriendo con mi lengua cada recoveco de su piel, llegué a su muslo interior pasando por su rodilla. Ella estaba abierta de piernas con las rodillas dobladas y yo tenía mi boca junto a su ingle, podía oler su sexo a escasos centímetros. Subí mi cabeza para ver su cara y buscar su consentimiento. Ella se terminó de subir la falda que estaba ya casi subida y levantó la cadera invitándome a quitarle las preciosas braguitas negras que llevaba. Se las quité poco a poco, deleitándome en la visión su pubis, no se depilaba pero tenía su coñito arreglado perfectamente. Le bajé hasta los tobillos y sacó uno de los pies para poder abrir las piernas. Nada más hacerlo me abalancé con ansia sobre su vagina. Chupé con voracidad sus labios mayores buscando con mi lengua la entrada de la vagina. Ella de mientras se quitó la parte de arriba quedando completamente desnuda, yo lo intentaba pero con mi cara hundida entre sus piernas no podía apenas quitarme una sola prenda. Casi me asfixiaba pero me moría de placer, solo escuchar como suspiraba Laura me llevaba a empujar mi lengua lo más dentro posible, separé mi cara para tomar aire y me desnudé como pude.

2. Sin darle tiempo a réplica se arrodilló frente a él y le desabrochó el pantalón extrayendo el miembro viril que estaba empezando a hincharse con aquel peligroso juego. La mujer lo acarició casi con ternura y un escalofrió recorrió a Davor que no pudo más que dejarse llevar, pues estaba en sus manos. Lentamente el pene del guerrero se irguió por completo, ella le miró juguetona y comprobó que él aún podía aguantar mucho más, así que aprovechó para comenzar con los besos al principio y los lametones después, recorrió el pene con la lengua desde los testículos hacia el capuchón varias veces, como si degustara un delicioso manjar, después se lo introdujo entero en la boca e inició un rítmico movimiento que le permitía metérselo y sacárselo de la boca alternativamente. Davor echó la cabeza hacia atrás y su respiración se volvió más agitada, un bronco gemido escapó de sus labios cuando ella apretó sus testículos y aumentó la presión en el extremo de su miembro.

3. Mientras tanto mis manos descubren tu piel, cae la primera prenda. Tus hombros quedan descubiertos, una pequeña blusa cubre el resto. Sabes como me gusta tocarte por encima de la ropa, más aún cuando revelan tu figura. Esos hermosos pechos tuyos se yerguen hacía mi, los toco con la yema de los dedos definiendo su volumen. Te coloco de espalda a mi, beso con ansia tus hombros y la superficie de tu piel descubierta bajo tu cabello. Te abrazo bajo la ropa, te estremeces entonces. Me besas, extendiendo la abertura de tu boca, te entregas a mí en ese beso apasionado. Me descubres el torso al tiempo que tus manos recorren mi pecho, bajas por mi espalda hasta ubicar tu manos sobre mis caderas, las oprimes contra tu sexo, deseas sentir el mío excitado entre tus piernas. Sabes que estoy listo.

4. Lentamente fuiste acercándote, mi corazón latía con fuerza y en un segundo estabas frente a mí. Me llamaste por mi nombre y yo a ti. Tomaste mis manos y besaste mi mejilla. Me volvía loca, quería lanzarme a tus brazos, más sin embargo espere. Mi deseo era demasiado, ¡eras tal como yo te había imaginado! Buscamos un lugar más solitario para poder charlar, fue una situación extraña, el estar frente a frente nos cohibía, tratamos de relajarnos, de platicar; pero alguien tenía que dar el primer paso, te pedí que te acercaras y te entregue mi boca.