Azafatas Madrid

Azafatas de compañía de lujo en Madrid

Hola, chicos. Me llamo Eva y me defino con tres palabras: sensual, discreta y natural. La sensualidad es algo innato en mí. Está en mi sonrisa, en mi mirada y en todas las caricias con las que puedo llenar tu cuerpo de placer. Abandónate a ellas. Yo haré que tus preocupaciones queden a un lado, olvidadas. Soy una mujer elegante, romántica y sencilla a la que le gusta comportarse con sus parejas como una auténtica GFE. Puedo ser tu novia ideal en una velada, la más tierna y dulce de tus acompañantes pero también la más pícara y salvaje. En la cama me dejo arrebatar por la lujuria y me convierto en una amante viciosa y apasionada, la mujer ideal para hacerte escapar de la rutina y hacerte vivir una experiencia única. En ella serán nuestros cuerpos quienes dicten las órdenes que nosotros, ardientes de deseo, obedeceremos. Si quieres vivir esa experiencia, no dudes en llamarme. No te pierdas el placer de disfrutar de mi compañía. Yo quiero disfrutar de la tuya.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Esa noche mi hermana Agustina quería salir a bailar. Sinceramente, después de un viaje bastante accidentando y denso, con el cansancio que tenia lo ultimo que quería hacer era salir a bailar, sin embargo, Agustina era mi hermana menor y siempre fue mi debilidad, extrañanamente no eramos de pelearnos casi nunca como es casi habitual entre hermanos, teniamos una muy linda relación, siempre que podiamos nos ayudabamos en todo y cuando uno estaba mal el otro lo apoyaba a muerte, digamos que aparte de ser hermanos eramos grandes amigos, en fin para no irme por las ramas a agus no le podia decir que no, ella se queria desenchufar un poco y queria pasar un buen rato en algun boliche, asi que como no tenia a nadie me pidio que fuera con ella, y como no podia ser de otra manera finalmente accedi, a pesar de que llevaba mucho tiempo sin salir a ninugn lado con ella porque cada vez que ibamos a bailar yo terminaba peleandome con algun chabon que queria zarparse con ella, era inevitable ya que Agustina siempre fue una chica muy linda y de apariencia sexy para cualquier hombre, mis amigos por ejemplo no me dejaban en paz preguntando todo el tiempo por mi hermana, llego un momento que no lo soportaba ya que era como se dice, un hermano muy cuida.

2. Observo junto a él. El sol despunta por el horizonte y la ciudad empieza a despertarse. Todo se tiñe de naranja y froto mis senos desnudos contra su espalda y su brazo. Sé que me desea como yo a él. Su mano, que queda a la altura de mi sexo, juguetea con mi vello púbico. Y mi cuerpo se enciende y el fuego arde de nuevo dentro de mí, como anoche, como siempre que pienso en él. Beso su hombro y luego él se gira hacía mí. Me estrecha entre sus brazos y mi cuerpo queda pegado al suyo, piel contra piel, sexo contra sexo y el deseo creciendo en medio. Sus labios se unen a los míos y un beso recorre nuestras bocas mientras la pasión crece a pasos agigantados. Sus dedos hurgan ahora más profundamente en mi sexo, buscan mi clítoris y empiezan a acariciarlo, mientras seguimos besándonos. Succiono su labio inferior y él pellizca mi pezón con una mano.

3. En la parte superior llevaba una sencilla pero gustosa camiseta de tirantes, que dejaba a la vista de todas las miradas su ombligo, y la estrechez de la misma hacía a su vez de sujetador de unos pechos excepcionalmente sugerentes, generosos en su tamaño, y sensualmente voluptuosos. Su pelo, de un negro intenso, era largo y liso, cayéndole por sus hombros y su menuda espalda, y era inusitadamente suave, tal como se podía apreciar al menor movimiento de su cabeza. Su cuerpo era excepcional, quizá no mejor que el de muchas otras chicas que se creían en inferioridad, pero sabía como realzarlo y como sacar el máximo partido a sus curvas. Resultaba enormemente provocativa, simplemente con verla a lo lejos, y ella era plenamente consciente que su cuerpo era objeto de deseo sexual para la mayoría de los hombres con que se cruzaba.

4. Me pego a ti, trato de provocarte, me bajas los tirantes del vestido muy despacio, por mis brazos, luego lo dejas caer al suelo. Recuesto mi cabeza sobre tu hombro, acercas tus labios a los míos y nos besamos. Mis manos se adentran entre tu cuerpo y el mío y toco tu sexo erguido por encima de la tela, esta tieso, erecto. Lo acaricio con suavidad. Te deseo y sé que me deseas, pero nos detenemos en las caricias, en el juego de seducción que envuelve este momento. Tus manos recorren mis brazos hacia mis hombros y luego se acercan a mis senos. Los acaricias por encima del sujetador. Nuestros cuerpos se calientan mutuamente. Metes tus manos entre mi piel y el sujetador, pellizcas mis pezones y todo mi cuerpo se estremece. Entretanto he conseguido bajarte la cremallera del pantalón y he metido la mano dentro, pero tú la sacas con paciencia. Quieres alargar más el juego. Me inclinas sobre la baranda, haciendo que te muestre mi culo y lo acaricias por encima de las braguitas, luego las apartas y acaricias mi sexo, siento tus dedos hurgando en mis labios vaginales, se introducen en mí y un gemido escapa de mi garganta. La luna sigue atenta la escena. Empiezas a mover los dedos, dentro y fuera de mí, provocándome dulces gemidos de placer. Deseo más, mucho más, pero tú me torturas con esas caricias durante un largo espacio de tiempo, el suficiente para conseguir que me corra de placer.