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Los relatos del día

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Relatos aleatorios
1. Dejó el bolso en su asiento, que aunque no le gustaba llevarlo, lo creía necesario para llevar su móvil y otras cosas que ella pudiera necesitar en determinadas circunstancias. Marcos no perdió detalle del contoneo del trasero de su novia en ese andar tan gracioso que tenía, pero que tan sumamente excitante resultaba. Pudo apreciar, cuando el paso de una pierna tensaba sensiblemente el vestido, la marca de unas braguitas. Jugó a adivinar de cuáles se podría tratar. Pensó en unas blancas, una de sus favoritas…y imaginó que esa misma noche, cuando llegaran a casa, tendría la oportunidad de sacarle el vestido de los pies a la cabeza, y ver el increíble cuerpo desnudo de Mónica, tapado mínimamente por esas braguitas tan sensuales. Al cabo de casi cinco minutos Mónica salió del baño y se dirigió a reunirse con su pareja. A pesar de lo que llevaba cogido en su puño, no se mostraba dubitativa ni indecisa, muy al contrario, su andar era firme y decidido. Marcos no la vió venir, ensimismado como estaba en sus pensamientos. Mónica se situó a su lado, y antes de que él pudiera reaccionar, ella se inclinó suavemente y le susurró en la oreja un escueto: "Toma, esto es para ti". Al mismo instante que decía estas palabras dejó caer en el regazo de su novio la única prenda íntima que llevaba esa noche. Marcos tardó en reaccionar…lo primero que pensó es que no tendría ya que esperar hasta más tarde para saber que, efectivamente, las braguitas que llevaba eran, ahora ya sin ninguna duda, sus favoritas.

2. Mónica tomó asiento, sin dejar de mirar a los ojos de Marcos, y con una sonrisa casi imperceptible en su cálida boca. Marcos asimiló por fin la situación, y le pareció inmensamente morbosa y excitante. Notó un movimiento en su entrepierna…no era para menos, su novia le acababa de entregarle sus braguitas en medio de un restaurante repleto de gente. Allí estaba ella, tan guapa con ese elegante vestido, y a la vez tan morbosa…Marcos supo que había encontrado a su alma gemela, al amor de su vida. Agarró la prenda íntima de su novia, y pensó en dejarla en algún sitio a buen recaudo, como queriendo esconderla, pero no supo dónde guardarla…luego, yendo al otro extremo, pensó en llevársela a la cara, y olerla tiernamente. Le excitaba hacer eso en presencia de Mónica…y de otras personas anónimas. Su erección estaba más que consumada. Pero al final no se atrevió, y decidió dejarlas donde Mónica quiso dejarlas caer…al fin y al cabo, era el sitio más seguro para tenerlas bajo custodia. Mónica, por su parte, sentía un suave cosquilleo en su estómago, pero se encontraba tremendamente excitada. Al sentarse había notado con más intensidad el frío de la silla. Había pensado también en hacer algo más, pero que ya vio que seria inviable…al menos en esa noche. Quería que su novio lo viera con sus propios ojos.

3. Le quité la ropa mientras ella me quitaba la mía, ella se estiró y yo tras ver su coño rasurado solo me dieron ganas de comérmelo y eso hice... empecé lamiendo con suavidad los contornos de su clítoris y con la mano derecha acariciando su vagina, ella empezó a agitarse y a gemir, fue cuando empecé a pasar la lengua por su clítoris haciendo movimientos rápidos, contra más rápido movía la lengua más grande era su placer y mi mano no pudo resistirse en entrar en su vagina. Sus gemidos eran cada vez más altos y su cuerpo se retorcía de placer… fue cuando mi polla entró en acción, se la metí y puse sus piernas sobre mis hombros para que así pudiera entrar con más profundidad, su voz cada vez se hacía más frágil cosa que hacía ponerme más caliente, luego ella se puso encima de mi y le pedí que me cabalgara rápido, ella aceptó y se empezó a agitar, pero no fue hasta que la puse a cuatro patas que nos corrimos tras un arranque de fuerza que le provocó comerse la almohada tras la fuerza con la q le estaba penetrando. Fue genial y acabamos reventados, aunque sabíamos que aquella no iba a ser la única vez aquel día...

4. Grande fue mi asombro al salir y encontrarle tendido en la cama profundamente dormido. Ahí estaba yo pensando en el destino y el se había quedado dormido con la música de Chopin como fondo. Alguien podría haberse enojado pero a mi solo me producía inmensa ternura verle allí dormido, su respiración acompasada y sus manos reposando sobre la almohada. Yo, con un desacostumbrado arrojo me libere de la toalla y me senté a su lado en la cama. Con cuidado de no despertarlo le quite sus zapatos, me tumbe a su lado arropándonos con una sabana blanca y finalmente abrazada a su espalda y sintiendo mi cuerpo desnudo y aun fresco por la ducha pegado al suyo tibio y cubierto por un jeans y una camiseta. Al poco rato de escuchar el ritmo regular de su respiración y sentir el sube y baja de su pecho, yo también me quede dormida.