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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Observo junto a él. El sol despunta por el horizonte y la ciudad empieza a despertarse. Todo se tiñe de naranja y froto mis senos desnudos contra su espalda y su brazo. Sé que me desea como yo a él. Su mano, que queda a la altura de mi sexo, juguetea con mi vello púbico. Y mi cuerpo se enciende y el fuego arde de nuevo dentro de mí, como anoche, como siempre que pienso en él. Beso su hombro y luego él se gira hacía mí. Me estrecha entre sus brazos y mi cuerpo queda pegado al suyo, piel contra piel, sexo contra sexo y el deseo creciendo en medio. Sus labios se unen a los míos y un beso recorre nuestras bocas mientras la pasión crece a pasos agigantados. Sus dedos hurgan ahora más profundamente en mi sexo, buscan mi clítoris y empiezan a acariciarlo, mientras seguimos besándonos. Succiono su labio inferior y él pellizca mi pezón con una mano.

2. Estuve algo así como tres canciones bailando y mirandola como si fuese cualquier otra chica en plan de levante, pero al mismo tiempo sentia muchisimo remordimiento por lo que me estaba sucediendo, estaba bailando con una de las chicas mas hermosas que se encontraban en el boliche, era la envidia de muchos de los chabones que ahi se encontraban, claro que nunca imaginaron que yo era su hermano, el hecho es que esa chica de movimientos tan sexys en la pista a la que cada vez deseaba mas, era precisamente mi hermana menor, esa por la que daria mi vida y a la cual quiero tanto, entonces decidi hacerme el boludo y excusarme conmigo mismo en que ya habia tomado mucho alcohol y estaba desvariando en mis pensamientos. Pero luego la música cambió y de música movida, extrañamente pusieron un par de temas lentos, muy románticos. En ese momento logicamente dejamos de bailar y nos fuimos a la barra a tomarnos unos tragos, sin embargo, me sentía tan extrañamente bien esa noche que aunque nunca había bailado música lenta con ella, y aprovechando que justo estaban pasando un tema que a ella le encantaba, me decidí a decirle si no queria bailar ese tema conmigo, ella dudo un poco y luego me dijo: desde cuando te gusta bailar tanto conmigo a vos?, pregunta que fue seguida de una risita inocente que ni se imaginaba las cosas que a esa altura yo estaba sintiendo. Finalmente agus acepto y me dijo: bueno dale vamos, nunca me hubiese imaginado que quisieras bailar un lento conmigo, pero no le veo nada de malo, aparte este tema me encanta, asi que dale vamos...

3. Davor se había presentado a ella semanas antes, como emisario de un reino cercano con el que pretendía establecer prósperas relaciones comerciales, tenía una pícara sonrisa y todas las mujeres del castillo decían de él que era un auténtico sinvergüenza, aún así era respetuoso y casi cariñoso con Yadira, la mujer, que tan sólo aceptaba a los hombres para satisfacer sus ocasionales apetitos, se había dejado caer en sus redes. Muy a regañadientes, se vio obligada a admitir que sus hermosos ojos color miel la volvían loca, no tanto por su color sino por lo que sus miradas la hacían sentir y le dejaban entender. Su cabello negro y corto en el que ella había deseado enredar sus dedos, su cuerpo musculoso, entrenado a fuerza de manejar la espada, incluso su firme trasero la hacía sentirse juguetona. Se regañaba a sí misma por perder los papeles cada vez que él estaba presente, normalmente la serenidad, frialdad y casi indiferencia la escudaban en cada acto, pero nunca cuando él estaba cerca. Nunca con Davor.

4. Mónica tomó asiento, sin dejar de mirar a los ojos de Marcos, y con una sonrisa casi imperceptible en su cálida boca. Marcos asimiló por fin la situación, y le pareció inmensamente morbosa y excitante. Notó un movimiento en su entrepierna…no era para menos, su novia le acababa de entregarle sus braguitas en medio de un restaurante repleto de gente. Allí estaba ella, tan guapa con ese elegante vestido, y a la vez tan morbosa…Marcos supo que había encontrado a su alma gemela, al amor de su vida. Agarró la prenda íntima de su novia, y pensó en dejarla en algún sitio a buen recaudo, como queriendo esconderla, pero no supo dónde guardarla…luego, yendo al otro extremo, pensó en llevársela a la cara, y olerla tiernamente. Le excitaba hacer eso en presencia de Mónica…y de otras personas anónimas. Su erección estaba más que consumada. Pero al final no se atrevió, y decidió dejarlas donde Mónica quiso dejarlas caer…al fin y al cabo, era el sitio más seguro para tenerlas bajo custodia. Mónica, por su parte, sentía un suave cosquilleo en su estómago, pero se encontraba tremendamente excitada. Al sentarse había notado con más intensidad el frío de la silla. Había pensado también en hacer algo más, pero que ya vio que seria inviable…al menos en esa noche. Quería que su novio lo viera con sus propios ojos.